20111127

Ya era hora: el bipartidismo entra en crisis (Joaquí Prieto)... el País se sincera

El Partido Popular consiguió muchísimos votos el domingo pasado, 10,8 millones, pero no tantos como para justificar la idea de un impulso irrefrenable de España hacia la derecha. Un 5% más de votos que en 2008 no puede considerarse un maremoto electoral. Mucho más significativo es que casi cuatro de cada diez votantes del PSOE se han borrado de esta opción, y que un conjunto de pequeños partidos penetran con fuerza entre los ciudadanos. Todo ello en un contexto de crecimiento de los abstencionistas, y de los que votan en blanco o nulo. Lejos de simplificarse, el nuevo mapa político español refleja una realidad más compleja.

Todo parte de la ruptura de la dinámica bipartidista. Una de las dos patas que la sostenían —el PSOE— se ha desplomado y este partido, actualmente la segunda fuerza, se encuentra débil como nunca desde los tiempos de la Transición. Los nacionalistas se mantienen con pequeñas oscilaciones, pero la incorporación de la izquierda abertzale implica la actividad de una minoría con la que no se había contado en las últimas legislaturas. A ello se añade la victoria de partidos emergentes de ámbito estatal, que pugnan por dar guerra en serio, y ante los cuales solo se alzan, como último obstáculo para adquirir fuerza parlamentaria, las reglas del sistema electoral.

Los síntomas de crisis del bipartidismo se evidencian en varios datos. Entre los dos principales partidos, socialista y popular, sumaban el 92% de los escaños en la última legislatura. Tras el 20-N, ese control de las dos fuerzas más importantes se ha reducido al 84,5% de la Cámara. Vamos a vivir en una legislatura dominada por un partido, que no necesita pactar con otros para tomar decisiones —salvo aquellas que exigen mayorías reforzadas—, pero con más minorías de las que hasta ahora actuaban en el Congreso, de discursos y reivindicaciones contundentes.

Es pronto para saber si la crisis bipartidista destapada por las elecciones del 20-N es coyuntural, debida al miedo provocado por la crisis económica y financiera, o si anuncia la transformación del sistema de alternancia que conocemos desde los años noventa —a veces gobierna el PSOE, a veces el PP— en otro donde sean precisas más coaliciones. Por cierto, esto último es lo normal en casi todos los países de Europa donde las elecciones se realizan por escrutinio proporcional.

De momento no se observa un viraje contundente a la derecha, capaz de consolidar un partido hegemónico. La mayoría absoluta del PP ha sido prefabricada por el sistema electoral, que le ha concedido 8,5 puntos más de escaños que de votos: con el 44,6% de los sufragios, el PP obtiene el 53,1% de los asientos del Congreso. Otras mayorías absolutas anteriores tampoco se basaban en mayorías equivalentes de votos. Así ocurrió incluso en la primera gran victoria de Felipe González en 1982, lo cual confirma, por enésima vez, el maquiavelismo de quienes inventaron un régimen electoral que, aun llamándose proporcional, trabaja para favorecer la gobernabilidad del partido más votado.

Amaiur obtiene un diputado por cada 47.661 votos. A UPyD, cada escaño le ‘cuesta’ 228.048 sufragios

¿Cómo se consiguen porcentajes considerablemente mayores de escaños que de votos? Por descontado, no se trata de una mano negra que da o quita diputados a capricho de oscuras voluntades. Tampoco es solo el fruto de la fórmula D’Hondt, que ha quedado en el imaginario colectivo como icono de la desproporcionalidad, cuando su papel se limita al de modesta contribuyente. Lo decisivo es el tamaño de los distritos en que se efectúa la elección general, que son las provincias. Cuando los distritos tienen pocos escaños a repartir, las minorías generalmente se quedan sin diputados electos. Por eso pierden tantos sufragios los medianos y pequeños partidos de ámbito estatal.

En cambio, los nacionalistas bien implantados han obtenido resultados muy cercanos a la proporcionalidad. 

Este fenómeno, tradicional en CiU y el PNV, se extiende ahora a Amaiur (la opción de la izquierda abertzale) porque, desde el punto de vista electoral, funciona igual que los otros nacionalistas, es decir: aprovecha bien la concentración de sus apoyos para sacar diputados. Y por eso cada escaño le cuesta muchos menos votos que a otros: 47.661.

La mayoría absoluta del PP ha sido ‘prefabricada’ por el sistema electoral: ha tenido 8,5 puntos más de escaños que de votos

El PP ha necesitado una media de 58.230 sufragios por diputado, y el PSOE, 63.399. Incomparablemente menos que UPyD, la formación de Rosa Díez, que ha sacado cada escaño al precio de 228.048 votos. La opción ecologista de Equo, respaldada por 215.000 ciudadanos, se queda fuera del Parlamento estatal —solo tiene representación en Valencia, al haber ido en coalición con Compromís—, mientras sus electores contemplan la entrada en la Cámara de cuatro opciones con muchos menos votos que la suya: los nacionalistas BNG, CC y GBAI, y el Foro por Asturias (el partido de Francisco Álvarez Cascos). No falla: una buena implantación en zonas territoriales concretas, de cualquier ideología, garantiza más representación en el Congreso que el respaldo de muchos más electores, pero dispersos.

Estos efectos del sistema electoral se deben, esencialmente, al tamaño de los distritos y al hecho de que ni la Constitución ni la ley consideran la población como el criterio fundamental para determinar cuántos escaños deben elegirse en cada provincia. Al contrario: esas normas obligan a reservar un mínimo de dos diputados a cada distrito (excepto uno en Ceuta y otro en Melilla), tanto a los densamente poblados como a aquellos en los que viven pocas personas; lo cual eleva a 102 el total de diputados cautivos de los mínimos. Y como el Congreso español solo tiene 350 asientos (es una Cámara más reducida que la británica, la francesa, la italiana, la alemana, la polaca…) quedan 248 escaños para repartir en función de la población. El resultado es que la mitad de los 52 distritos son de tamaño pequeño. En esas condiciones, el partido más votado tiene la oportunidad de sumar muchos escaños.

Veamos lo sucedido en diferentes territorios. Sin alcanzar el 50% de los votos, el PP logró más de la mitad de los escaños disputados en Andalucía, Aragón o Canarias. Y con votaciones de entre el 50% y el 55%, obtuvo el 61% de los diputados en la Comunidad Valenciana o el 65% en Castilla y León. El magnífico resultado parlamentario en las provincias de estos territorios —y en Murcia, La Rioja, Cantabria—, es menos proporcional que el de Madrid y Cataluña, donde cada escaño cuesta muchos más votos a todas las candidaturas. La proporción es ajustada en el País Vasco o Asturias, a causa de la fuerte concurrencia de opciones bien implantadas en estas comunidades.

A Mariano Rajoy le habría venido bien no solo la mayoría absoluta, sino un Parlamento menos complejo y con un segundo partido menos debilitado. Pero no es eso lo que los votantes y el sistema electoral han decidido.

(Por cierto que con este artículo parece que la tirria hacia IU es absoluta, ni nombrarla)

20111121

En breve: los más y los menos de un sistema electoral

Analicemos los siguientes datos:

 ELECCIONES 2008:

Voto emitido: 25,9 millones (73,85 % del electorado)
Abstención: 9,1 millones (26,15 % del electorado)

PP (10,3 millones de votos, 39,94 % votos totales)____________________154 escaños
PSOE (11,3 millones de votos, 43,87 % votos totales)_________________169 escaños
OTROS PARTIDOS (4,0 millones de votos, 14,44 % votos totales)_______27 escaños
VOTO NULO/BLANCO (0,3 millones de votos, 1,75 % votos totales)

 ELECCIONES 2011:

Voto emitido: 24,5 millones (71,69 % del electorado)
Abstención: 9,7 millones (28,31 % del electorado)


PP (10,8 millones de votos, 44,62 % votos totales)___________________186 escaños
PSOE (6,9 millones de votos, 28,73 % votos totales) _________________110 escaños
OTROS PARTIDOS (6,2 millones de votos, 24,05 % votos totales)______54 escaños
VOTO NULO/BLANCO (0,6 millones de votos, 2,60 % votos totales)

A la vista de estos datos, alguien me puede explicar:

¿Por qué el PP en 2011 habiendo obtenido menos votos que el PSOE en 2008 tiene una mayoría absoluta contando con 186 diputados mientras el PSOE solo contaba entonces con 169? 

¿Por qué los medios se empeñan en decir que hoy Rajoy con el 31,5% del electorado total a su favor cuenta con la total complicidad de los españoles (me fallan los números, a ZP le votó en 2008 el 32,3% del  electorado)? 

¿Por qué obteniendo el resto de formaciones 6,2 millones de votos, casi los mismo que el PSOE con 6,9 millones solo han obtenido 54 escaños mientra que el PSOE a pesar del batacazo conserva 110?

Desde luego, a la vista de los resultados, el sistema electoral español tiene un déficit democrático importante cuando se producen estos hechos. Esto, acompañado de la actuación poco reflexiva (con una abstención de más de nueve millones del electorado, o con el uso del mal llamado "voto útil") de gran parte del electorado español no hacen más que decepcionar aquellos que reflexionan hoy por una democracia más participativa donde la ciudadanía gane protagonismo.


Las opciones elegidas por el electorado español

La traducción a un sistema más justo

Dos excepciones en el mapa azul autonómico (por Jesús Ceberio)

 El resultado electoral del 20-N ha sido tan contundente que los titulares van de la histórica victoria del PP a la derrota igualmente histórica del PSOE con un margen de casi cuatro millones de votos. Los socialistas sólo han salvado dos provincias de una marea popular que ha teñido todo el mapa de azul con dos excepciones relevantes: Cataluña y el País Vasco, donde se consolidan unas fuerzas nacionalistas que se proponen desbordar el marco estatutario vigente cuando no el ejercicio del derecho de autodeterminación como paso hacia la independencia. La economía ha sido casi el único caballo de batalla allí donde el voto se decidía en términos bipartidistas, pero cada cita con las urnas nos recuerda que en esos dos territorios se mantienen vivas unas demandas de difícil encaje constitucional, que han tenido esta vez un apoyo mayoritario.

Las encuestas atinaron con el vuelco entre los dos principales partidos, pero sobrevaloraron el peso de sus votos en las comunidades vasca y catalana. La victoria de CiU, que por primera vez desde 1977 supera a los socialistas, ha sido una sorpresa que consolida el poder de Mas después de un duro plan de recortes que había poblado las calles de protestas. Duran i Lleida ya se ha ofrecido a Rajoy como socio potencial para un plan de choque contra la crisis, pero en la otra mano trae la exigencia de un pacto fiscal para Cataluña que establezca un tope a la transferencia de recursos al resto de España. La revisión del sistema de financiación autonómica en 2013 se apunta como un momento de alta tensión a menos que se allane el camino en negociaciones discretas y directas como desea el líder de CiU.
El poderoso desembarco de Amaiur en el Congreso, con siete diputados y grupo propio, anticipa una fricción permanente en todas las materias relacionadas con el marco territorial del Estado. Su programa electoral versa exclusivamente sobre el ejercicio del derecho de autodeterminación en una Euskal Herria que incluye las comunidades de Euskadi y Navarra. El PNV, que gracias a su feudo de Vizcaya ha conseguido salvar el liderazgo en votos aunque no en escaños, incorpora también una nueva versión del "derecho a decidir" que Ibarretxe convirtió en su bandera. Está por ver si la fuerte irrupción de Amaiur modera a un PNV que presenta un programa económico compatible con el del PP y cuyo líder, Íñigo Urkullu, ha cultivado la relación personal con Rajoy.

Otro error de los sondeos ha sido sobreponderar el trasvase directo de votos socialistas al PP, que se anticipaba muy cuantioso. Rajoy apenas ha rebañado medio millón de votos de los 4,3 millones perdidos por el PSOE en su última travesía, que han nutrido sobre todo a Izquierda Unida (+700.000), UPyD (+830.000) y la abstención. La gran ola popular que le ha permitido a Rajoy superar todos los registros de Aznar en 2000 (escaños, porcentaje y número de votos) se asienta no tanto en la deserción socialista cuanto en la fidelidad de los votantes conservadores.

Esto significaría que la resistencia a saltar directamente del PSOE al PP es mayor de la prevista, aun en tiempos de máxima tribulación. Tal vez sea la única lectura positiva que los socialistas puedan hacer de una aciaga jornada electoral que les ha conducido a una sima histórica después de haber alcanzado su cima en 2008, con 11,2 millones de sufragios. Hombre de récords -ha ganado con más de once millones de votos las dos únicas elecciones generales a las que se ha presentado-, Zapatero tiene que asumir como propia la humillante derrota de este domingo aunque fuera por candidato interpuesto.

La inmediata convocatoria de un congreso para elegir nuevo secretario general es un rasgo de sensatez. La generación que le aupó sale achicharrada de este proceso, especialmente su sucesora in pectore Carme Chacón, que en las vísperas electorales hacía ejercicios de calentamiento con ambigüedad calculada. La sangría de 700.000 votos que le ha hecho perder las elecciones en Cataluña puede haber amortizado sus aspiraciones. Al margen de cómo resuelva el PSOE el proceso sucesorio, una cosa parece clara: Rubalcaba es ahora mismo su mejor líder parlamentario. Lo demostró en su debate con Rajoy.

20111120

¿Se romperá la UE? En una palabra: no (Claudi Pérez)


Tal vez no lo parece, pero esto es un reportaje. Cuando en el mundo sucede algo grave, los diarios suelen mandar a un reportero para tener una mirada del desastre de primera mano. Cuando la catástrofe es económica, y eso viene siendo frecuente, siempre hay un periodista dispuesto a viajar hasta algún lugar recóndito (México y Argentina; Japón y Tailandia; últimamente enclaves menos exóticos, Nueva York, Atenas, Dublín, Atenas, Atenas, Atenas) para ejercer ese viejo oficio que consiste en ir, ver y contar. Pero esta vez no hay que coger el avión. Para escribir este reportaje no hace falta moverse de Madrid. Esta vez los bárbaros están a las puertas de Europa y pueden provocar un accidente financiero. Incluso más allá de la economía: el declive económico suele anunciar, en general, la decadencia de los imperios. ¿Tiene sentido empezar a pensar qué sería de Europa sin euro, incluso sin esa UE envejecida y esclerótica que pierde peso en el nuevo orden del capitalismo global? Puede tenerlo: la probabilidad de ese accidente (la fractura de la mismísima UE) es ínfima, pero ha dejado de ser nula.

Europa vivió siempre en perpetua crisis: las crisis han sido su principal motor de progreso. Y una vez más los analistas piensan que aún hay margen, que la UE se acerca peligrosamente al abismo, pero al final sabrá encontrar una solución. El problema es esa manía que consiste en acercarse tanto al precipicio, y tan a menudo. Una fractura del euro es posible: puede que algún país decida abandonar la eurozona sin salir de la UE tras una sobredosis de recortes que puede ser contraproducente. Incluso la posibilidad más extrema, una quiebra de la Unión, no puede descartarse de forma categórica. Y en caso de sustanciarse dejaría duras secuelas: un caos financiero, económico y social; probablemente, una depresión global. Y 60 años de esfuerzos tirados a la basura.

“La fractura de la UE sería el equivalente a una guerra incruenta”, explica Charles Grant, del Center for European Reform, un think tank europeísta con sede en la habitualmente eurófoba Londres. Por eso no puede suceder: no va a suceder, según Grant y la práctica totalidad de la docena de expertos en varios ámbitos consultados. “Lo peor ya es perfectamente posible. Pero un final desordenado de la UE son palabras mayores. Hasta ahora, Europa ha sabido reaccionar, aunque haya sido en el último suspiro, a regañadientes. Pero quizá seguir pensando que vamos a encontrar la puerta de salida sea un ejercicio de voluntarismo: confieso que ahora mismo ya no estoy tan seguro”, asume Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo y presidente del Instituto Universitario Europeo de Florencia.

En momentos bisagra de la historia, un acontecimiento capital trastoca el orden de las cosas, influye sobre la trayectoria de una sociedad y desata un movimiento tectónico. Reino Unido abandonó el patrón oro en 1931 y dio paso a la primacía norteamericana. Cuarenta años después, EE UU rompió la relación entre dólar y oro en 1971 y formalizó el inicio de un largo declive que se resume así: Occidente deja paso a Oriente. Las fechas son caprichosas: de nuevo 40 años más tarde le toca el turno a Europa y su euro, con una crisis que subraya su propia agonía y esa imparable pujanza del Este. Porque la crisis del euro esconde cicatrices profundas: la narrativa del proyecto europeo se ha agotado. Sesenta años después del Tratado de Roma, Europa no sabe qué historia quiere contar.

“Un relato político compartido sostuvo durante tres generaciones el proyecto de integración europea, pero esa narración se ha desmoronado. La mayoría de los europeos, incluidos sus líderes, no saben ya de dónde vienen, y mucho menos hacia dónde quieren ir. Nadie se acuerda de que el proyecto sirvió para enjaular peligrosos diablos. Estamos cada vez más sometidos a esa idea de que es imposible cabalgar el tigre feroz que llamamos mercados. Y lo más importante: somos incapaces de construir un nuevo relato, que debe consistir en que la política vuelva a tomar las riendas”, explica José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de Historia de la Autónoma de Barcelona.

Hasta ahora, Europa ha sabido reaccionar, aunque haya sido en el último suspiro, a regañadientes
Josep Borrell
Europa apesta a dinero, pero las consecuencias de ese estado de excepción financiera permanente no son solo económicas: Francia e Italia han sugerido una suspensión del área Schengen por la llegada de inmigrantes. Los populismos y nacionalismos emergen en Finlandia, en Holanda, en Austria, en Francia, en una ola que amenaza con alcanzar a Alemania. El Estado del bienestar está temblando. Y los recortes y ese ascenso de la tecnocracia que imponen entre Berlín y los mercados han elevado la temperatura social. “La UE se está muriendo. No es una muerte dramática, sino a cámara lenta, en una decadencia que pone en peligro un proyecto que se daba por asentado”, explica Timothy Garton Ash en Los hechos son subversivos.

El triste espectáculo de dudas, sospechas, inquietudes, odio encubierto, buenas palabras que nunca se traducen en hechos y errores descomunales aboca a una situación crítica. “Y los problemas económicos, con ser importantes, esconden dificultades de otra índole: esta es una crisis política y el edificio institucional europeo no es suficientemente sólido. Pero no hay alternativa a la UE más allá del caos. El panorama es inquietante, pero eso no es nuevo para Europa, condenada a avanzar a sacudidas”, explica el sociólogo Salvador Giner.

Sin soluciones en Bruselas y Berlín, los mercados huelen sangre. Los pesimistas van en aumento e incluso retumban voces catastrofistas: el economista Bernard Connolly, el más siniestro apocalíptico de la UE, recibía esta semana tratamiento de estrella en The New York Times: “La actual política europea acabará provocando malestar social. Y no hay que olvidar que en esos países [Grecia, Irlanda, Portugal y España] ha habido guerras civiles, dictaduras fascistas y revoluciones. Ese es el futuro si esta locura maligna de la unión monetaria prosigue”.

Connolly, que trabajó en la UE en los años noventa y dirige ahora una consultora en Nueva York, declinó desarrollar su punto de vista en estas páginas. Pero no hace falta cruzar el charco para encontrar eurófobos: los hay incluso en el Parlamento Europeo. Enrique Barón, convencido europeísta que presidió esa Cámara en los años noventa, desdeña “los planteamientos extremos” de quienes se empeñan en hacer sonar trompetas de Jericó, pero no elude hablar de riesgos. “Europa, con apenas el 6% de la población mundial, es la primera potencia comercial del globo. Pero sin unión corre el peligro de ceder aún más protagonismo a EE UU y a las potencias emergentes: China y compañía. Sin UE, Europa sería un amasijo de particularismos, de territorios con mucha historia, grandes museos y ningún futuro”, avisa. El historiador Kevin O’Rourke resume el peligro que acecha: “Lo peor es que esa ruptura podría llegar tras años de austeridad impuesta a algunos países por parte de tecnócratas extranjeros. Las consecuencias políticas pueden ser severas”.

Hay quien advierte de que es precisamente ese discurso azuloscurocasinegro el que puede tener consecuencias: un ejecutivo de un fondo de alto riesgo apunta que si los periódicos se empeñan en meter “ese tipo de cosas en la cabeza de la gente”, tendremos “corridas bancarias y un accidente. Se está jugando con fuego”. Los think tanks proeuropeos son igual de rotundos. “Hay muchas maneras de que el euro se rompa, pero no estoy interesado en ser profeta del día del juicio final”, sentencia Daniel Gros, del Centre for European Policy Studies.

Europa parece cansada del peso de su propia historia; los alemanes tienen una palabra para ese sentimiento aparentemente indefinible, Geschichtsmüde. Y es precisamente Alemania quien tiene la clave para que los logros de 60 años (la moneda única, un acervo legislativo abrumador, la supresión de fronteras, la paz, esas cosas) no queden en agua de borrajas. “Europa es mi pasión, pero es una pasión a la Merkel”, decía la canciller hace unos meses. “Pero Angela Bismarck Thatcher, como la ha llamado el exministro alemán verde Joschka Fischer, debería quitarse de encima dogmas y tabús, y recordar que Europa exigió a Alemania grandes reparaciones de guerra en los años veinte y de aquello se salió con un resentimiento que provocó graves consecuencias: es aquello de que quienes olvidan la historia están condenados a repetirla”, resume Gerard Mortier, un belga que trabajó en Austria, Alemania y Francia y ahora dirige el Teatro Real de Madrid. De ese Madrid que es, de nuevo, capital de la crisis europea y por tanto carne de reportajes como este, escritos sin necesidad de coger un avión hacia un lugar ignoto para contar un desastre.

20111119

El golpe de los tecnócratas

Las últimas encuestas, muy cercanas ya a la cita electoral, dan como inequívoco ganador a Rajoy, que al parecer va a ser el agua que apague todos los fuegos sobre los que ardemos.
Pero, imaginemos por un momento que ganase Pérez Rubalcaba. De repente, los millones de indecisos deciden dar un vuelco a las encuestas y gana con mayoría absoluta o relativa. ¿Cuánto tiempo duraría en el cargo de presidente? Viendo lo que pasa en otros países europeos, yo diría que poco. ¿A pesar de que le haya votado una mayoría de los ciudadanos españoles? Pues, sí, poco tiempo.
A Papandreu también le eligieron sus ciudadanos, ya en plena crisis, y ha durado dos años. Berlusconi ha durado más, aunque, en este caso, sin ser santo de la devoción de nadie, salvo de los ciudadanos italianos que le votaron. En estos dos casos los candidatos elegidos por la población, han sido sustituidos por unos "técnicos" que van a sacar de la crisis a sus respectivos países tomando decisiones no "contaminadas" por la política. Pero decisiones rápidas, que los mercados no perdonan y a los días desde la toma de posesión ya les están revolviendo el estómago de las deudas. En Portugal e Irlanda, los Gobiernos elegidos ya durante la crisis, apenas duraron dos años.
¿Cuánto tiempo dejarían gobernar a Rubalcaba? ¿En qué momento entrarían los técnicos? ¿Durante cuánto tiempo es válido el voto de la población?
Pero volvamos a la realidad. Gana Rajoy y, en su línea, dice que se va a tomar un tiempo para tomar decisiones dolorosas para la población, incluidos sus votantes. O si las decisiones, por muy dolorosas hayan sido, nos dejan donde estamos. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de empezar a escuchar el runrún de que es necesario un Gobierno técnico?- José Luis Postigo. Madrid.
Leo asombrado la tranquilidad con la que se transmiten las noticias de la dimisión (destitución) de Silvio Berlusconi y del Gobierno griego, que según todas las informaciones, se produce a causa de las presiones de los mercados. Hasta en nuestro propio país se proyecta ese mensaje de la necesidad de "tranquilizar" a los mercados, como la razón más importante para un cambio de Gobierno. Y me invade un miedo enorme, porque es sencillamente un chantaje a la democracia, de alguna manera, un nuevo tipo de golpe de Estado, que podemos llamar la dictadura de los mercados.-Leandro Pereira Meyer. Vigo, Pontevedra

20111107

Adolescencia y Sexualidades Minoritarias

(Investigación antropológica desarrollada por la Comisión de Educación de COGAM en colaboración con el Departamento de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid)

Soledad, marginación, vivencia de la injuria, el insulto y la agresión –física y psicológica- son experiencias comunes a la mayor parte de las/los adolescentes lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB). A pesar de los avances que se han dado hacia la igualdad legal entre heterosexuales, homosexuales y transexuales en España, estos jóvenes sufren importantes discriminaciones de hecho. Todo ello no impide que los adolescentes LGTB cada vez comiencen a autoaceptarse y hacerse más visibles a edades más tempranas.

Este informe pretende sacar a la luz la realidad, oculta y silenciada, que vive un sector de la población a la que ni el Sistema Educativo ni las instituciones encargadas del bienestar de la juventud prestan suficiente atención: los adolescentes LGTB.

Este estudio cualitativo se ha basado en una serie de entrevistas en profundidad a jóvenes lesbianas, gays, bisexuales y transexuales de entre 12 y 18 años y procedentes de todo el Estado, así como en el análisis de las redes de relación que se establecen entre estos adolescentes a través de internet. También se han analizado los medios de comunicación que consumen, así como la respuesta que las instituciones públicas dan a los problemas que les plantea el rechazo de su orientación o identidad sexual.

Para responder a las múltiples preguntas sin respuesta existentes sobre los adolescentes LGTB, se establecieron unas áreas de estudio: situaciones de exclusión, familia, escuela, grupo de iguales… En el transcurso de las entrevistas pronto se constató que, de un modo u otro, tarde o temprano todas esas áreas de sus vidas se terminaban convirtiendo en situaciones de exclusión. Esas entrevistas sacaron a la luz demasiados relatos de sufrimiento.

Estas son, a grandes rasgos, las conclusiones que se desprenden de las más de 120 páginas del informe:

-          Siguen existiendo muchas trabas para que un joven pueda reconocerse a sí mismo, y a los demás, que es lesbiana, gay, transexual o bisexual.
-          Sin embargo, la posibilidad de tener una pareja del mismo sexo, de tener hijos, de crear sus propios modelos de familia, de ser felices forma parte de sus horizontes vitales.
-          El insulto y la agresión, o el miedo a las mismas, son una constante en la vida de todos estos jóvenes. A lo largo del informe aparecen con notable frecuencia las palabras “miedo”, “temor”, “tener cuidado”, “riesgo”, etc. Quienes no han vivido las agresiones en primera persona, lo han hecho a través de personas próximas con las que se podían sentir identificadas y que les avisaban del peligro. También hablan con frecuencia de la “suerte” que tienen si sus amigos los aceptan, si no les agraden…
-          Se detecta un preocupante nivel de acoso escolar. Incluido el acoso por parte de profesores. Los institutos y la adolescencia es un tiempo y un espacio donde se exacerba la homofobia: la diversidad sexual no está presente muchas veces por miedo a la reacción de los padres; la homofobia forma parte de la masculinidad tradicional: “despreciar a los gays te hace más macho”.
-          El miedo les obliga a vivir dobles vidas que les generan unas considerables dosis de stress y ansiedad.
-          Se comienzan a detectar en algunas familias y centros escolares actitudes de respeto y apoyo a su identidad sexual. No obstante, la familia, la escuela y el grupo de amigos se convierten con demasiada frecuencia en espacios de exclusión.
-          No existen apenas espacios donde los adolescentes LGTB puedan socializar, expresarse libremente y mostrarse como son sin correr ningún riesgo. Los espacios destinados a los jóvenes no son espacios libres de homofobia y los espacios específicos para homosexuales y transexuales no están pensados para adolescentes. tienen dificultades, pues, para mantener relaciones románticas y/o sexuales, y para socializar en las relaciones sexoafectivas propias de su edad como sus compañeros/as heterosexuales.
-          A pesar del considerable aumento en la aparición de referentes LGTB, los medios de comunicación y los vídeo-juegos siguen presentando, en general, un marcado sesgo heterosexista. Sólo en rarísimas ocasiones se acercan a la realidad de los jóvenes gays, y casi nunca a la de las lesbianas y transexuales adolescentes. Esas aproximaciones, además de ser escasas, suelen mostrar estereotipos más que diversidad de realidades.
-          Internet se ha convertido en un espacio liberador para las y los adolescentes LGTB ya que les provee de información sobre la sexualidad en general y la homosexualidad en particular. Les permite además establecer contacto con otros adolescentes de su edad y compartir experiencias. Pero no hay que olvidar los riesgos de internet. Información no siempre es formación.
-          Faltan, por tanto, espacios propios para adolescentes LGBT en el ciberespacio, en los que se sientan libres y seguros. Algunos de estos adolescentes los están creando a través de blogs
-          La situación de los/las transexuales adolescentes es de especial desamparo, ya que existen muy pocos recursos a los que poder aproximarse.
-          La falta de educación sexual específica los sitúa a menudo en situaciones de riesgo:
o   Hay una cierta tendencia a iniciarse en el sexo con mayores, por la dificultad de encontrar jóvenes de su edad (nos lo pedían por correo electrónico).
o   Vulnerabilidad también frente al abuso sexual, que no se denuncia: “Yo pensaba que era culpa mía”.
o   Desinformación y menor autoestima para prevenir ITS y respecto a VIH-SIDA o relaciones sexuales no deseadas.


Los relatos de vida cotidiana que han transmitido los informantes del estudio son, en ocasiones, dramáticos (incluyen, por ejemplo, un intento de suicidio a causa del rechazo familiar), y con frecuencia transmiten un gran sentimiento de dolor, de frustración y de insatisfacción con el Sistema Educativo. Pero muestran también un destacable esfuerzo de resistencia, fortaleza, optimismo y capacidad de superación de los problemas. Por todo ello, el informe ha querido recoger una serie de recomendaciones que, de llevarse a efecto, harían la vida de estos adolescentes un poco más sencilla:

-          Es preciso apoyar a las familias, ayudarles a obtener información y conocimiento de la realidad de sus hijos LGTB.
-          El lenguaje empleado por educadores, medios de comunicación e instituciones ha de ser inclusivo: es decir, debe desterrarse la presunción de heterosexualidad que tantos daños psicológicos y tanta presión produce en los jóvenes que no comparten esa heterosexualidad.
-          Es imprescindible acabar con el silencio que lleva a pensar que no existen los adolescentes LGTB. La diversidad afectivo-sexual enriquece nuestra sociedad y como tal riqueza debe transmitirse.
-          Ha de acabarse con los insultos homófobos que están generalizados en centros educativos, clubs deportivos, espacios de ocio, medios de comunicación, etc.
-          El combate contra el sexismo a través de la educación es fundamental para conseguir acabar con la idea de masculinidad basada en el desprecio a lo femenino. La diversidad sexual y familiar debe incorporarse de forma transversal a los currículos educativos.
-          Deben implementarse programas que fomenten espacios libres de homofobia donde los jóvenes LGTB puedan expresarse libremente sin ningún riesgo y socializar con sus iguales. También debe fomentarse el respeto a la diversidad entre todos los jóvenes.
-          Han de planificarse campañas sobre sexo seguro específicamente diseñadas para una población especialmente vulnerable como es la de los gays adolescentes.

Esta investigación coincide con otras realizadas en la UE, en EEUU o Canadá, que alertan del mayor índice de suicidios entre adolescentes LGTB que entre heterosexuales, de mayores niveles de marginación y vulnerabilidad frente al SIDA y otras ETS’s, mayor riesgo de fracaso escolar, etc.

Por eso, este estudio demanda a las autoridades educativas, a las instituciones encargadas del bienestar de los/las jóvenes y a las familias, que hagan un esfuerzo por seguir profundizando en el conocimiento de la realidad de estas personas y por acercarse a las problemáticas que viven para poder resolverlas y permitirles desarrollar su vida en igualdad de condiciones. Porque la principal conclusión de todo lo estudiado es que, a pesar de los avances hacia la igualdad legal y social, en la realidad cotidiana de los adolescentes LGTB esa igualdad no se ha transformado en algo factible.

Extractos de las entrevistas.
A continuación, presentamos unos extractos de las entrevistas realizadas a estos/as adolescentes, que dan una buena muestra de cuáles son sus principales preocupaciones:

VANESA, 15 años, MADRID.
“A los jóvenes homosexuales no se nos tiene en cuenta para nada. Es como si la homosexualidad apareciera... no sé, a partir de los 18, 19 años por lo menos.
Me parece que en vez de repartirnos tantas compresas y tampones deberían darnos verdaderas lecciones de educación sexual en todos los sentidos porque, sinceramente, de poco me sirve saber poner un condón a un plátano”.

BELEN, 15 años, MADRID.
“Me siento una persona muy afortunada. Siempre he considerado normal mi orientación sexual y creo que es la mejor que puedo tener. Tal vez con nuestra edad, sea más difícil conocer gente también bi/homosexual directamente. Aparte de en algunos foros o paginas, realmente con 15 años no puedes hacer mucho para conocer a otra gente”.

Alicia, 17 años,  Andalucía.
“Mi pareja todavía no lleva del todo bien eso de ser homosexual, le da miedo decírselo a las personas que la rodean y no quiere salir de casa, le da miedo”.

DAVID, 18 años, CATALUÑA.
“Los dos o tres últimos años de instituto sí exterioricé mi transexualidad. La única forma en que lo podía hacer era hablar en masculino con mis compañeros. Todo mi instituto sabe que me llamo David, todo el mundo lo sabe. Lo que pasa es que sólo hay 10 personas que tienen los cojones de tratarme en masculino”.

“La gente te puede cambiar el género durante un mismo día. Ayer mismo salgo del cine, el taquillero me trata de señor; pero justo cuando cruzo la calle una mujer “perdona, guapa”; pero justo cuando voy al metro “hola, chico”; pero justo cuando llego a mi casa, el taxista “venga, chica”. Entonces, eso te pasa en una hora, y ¿cuál es tu conclusión? ¡No tomes hormonas, no las necesitas! La gente necesita un filtro o algo, pero tú no necesitas nada”.

GOXOA, 18 años, EUSKADI.
“A los 13 años ya era consciente de mi sexualidad. Tuve neskas (novietas) pero sin mucha duración. Ya sabes, la confusión del principio, la obsesión por el camino recto… Pero soy un desviado, ¡qué se le va a hacer!”

“Soy muy cauto, siempre tomo precauciones. Ahora con Miguel, como llevamos un tiempo y nos somos fieles, estamos empezando a hacerlo a pelo”.

INÉS, 16 años, MADRID.
“Me miraban raro. Supongo ke lo hacían porke yo no me comportaba como ellas. No me dedicaba a ligar con los chicos, ni a ir a discotecas, ni a ponerme pote en la cara. Antes me consideraba una chica normal como todas. Ahora sé ke no soy normal. Soy mejor ke eso porke soy yo misma”.

“Confío en la sociedad, no tengo miedo a los trabajos y posibles discriminaciones porke sé ke a día de hoy cuento con numerosas instituciones ke están ahí para lo ke haga falta. No pierdo el miedo, a ke me miren mal por la calle si me ven con mi chica, a ke me agreda cualkiera... pero las ganas de vivir son más”.

JAIME, 16 años, EUSKADI.
“Una paliza que me dieron durante las fiestas de semana grande por un grupo de 7 tíos heterosexuales... por el simple hecho de ser gay...no tuve marcas así que no pude denunciar... Pero la humillación de aquel momento... el sentir que tu vida no vale nada…”

“El problema es que en una asociación para gays, lesbianas y transexuales, ¿cómo le vas a decir a un niño y a un adolescente de 16 años que viene a buscar ayuda que no se la puedes ofrecer? La adolescencia es muy importante: hay preguntas sin responder, hay muchos líos, muchas ideas rondando…”

“Te cambio todos los días del orgullo que quedan por no salir a la calle y me tengan que llamar maricón”.

JUAN CARLOS, 16 años, ANDALUCÍA.
“En el colegio no quiero que lo sepa mucha gente es porque aquello es de curas... y allí el 90% de alumnos, profesores y curas son homófobos a no poder más. Y no me da la gana de que me amarguen el año y medio que me queda allí estudiando, y menos que pueda influir en mi relación con la gente allí dentro y llevarme mal con los profesores y alumnos, que si no, se cría mala fama y eso influye en la nota negativamente”.

MANÉ, 18 años, MADRID.
“No aceptan que adoptemos, no aceptan... ¡Me da exactamente igual porque yo pienso tener muchos niños!”

“¡La juventud, divino tesoro!” Aquí en chueca ves gente de 50 años intentando parecer de 20... ¿Dónde está aquello de la arruga es bella? O envejecer con dignidad... Aunque hay que reconocer que aquí se hace: “¡Viejos fuera!”, que a mi me parece fatal.

PEDRO 16 LA RIOJA.
“Ese mismo año y teniendo yo 14, mis padres descubrieron mi homosexualidad leyendo mi diario. Yo creí que el día en que se enteraran lo iban a aceptar, ya que ellos eran aparentemente bastante tolerantes. Pero me equivoqué y me dijeron que estaba obsesionado, que era imposible que supiera que era homosexual, etc., etc.”

“Me siento incómodo en todas aquellas situaciones en las que se da por supuesta mi heterosexualidad, es decir, cuando alguien comenta algo sobre si me gusta alguna chica o si tengo novia (esto ocurre especialmente en la familia)”.

RAMÓN 18 CANTABRIA.
“Antes que gay soy persona. Tengo muchas ocupaciones, soy una persona muy activa: antes que gay soy de izquierdas, milito en un sindicato y esto me lleva parte de mi tiempo, pero participo en movimientos sociales de mi ciudad y organizo manifestaciones contra lo que surja. También me gusta mucho participar de la vida cultural, andar en bici, aprender idiomas...”

VICENTE, 17 años, CASTILLA-LEÓN.
“El siguiente paso, fue hablarlo con mi madre. Se lo dije fuera de mi ciudad. No te sabría decir cómo fue su reacción, creo que le impactó, pero disimuló por mí supongo. Su primera frase fue “¡Vaya! Tendré que volverte a dar educación sexual porque la que te he dado hasta ahora no sirve para nada”, con una sonrisa en la cara”.

“Desgraciadamente voy a un colegio de jesuitas, donde la homofobia se respira todos los días en el ambiente. Nuestro tutor, que es cura, suele dedicar horas enteras alimentando tópicos de los homosexuales mediante indirectas: promiscuos, relaciones estables inexistentes o muy cortas, etc.”

VICTOR, 13 años, MADRID.
“Si te refieres a si lo he hecho, aún no. Tengo una especie de novio, pero a los dos nos da un poco de miedo, no sé, imagino que tu sentiste lo mismo la primera vez, ¿no? Estoy informado. Internet te lo cuenta todo”.

20111102

Europa(e) por M. Á. BASTENIER

¿Existe una Europa política con capacidad para decidir su propio destino? A mediados del siglo XVIII, el que domina Voltaire, existía ya algo más que un preámbulo de Europa como escenario intelectual para una comunicación privilegiada entre sus élites. Los europeos -cierto que solo unos millares- poblaban los salones de la aristocracia, viajaban de París a San Petersburgo, y se carteaban en francés. Casi tres siglos más tarde, el número de europeos -todos aquellos que sientan su nacionalidad europea cuando menos tanto como la de su pasaporte-, suma ya unos centenares de miles, puede que incluso algún millón. En el mundo de Voltaire, los que no formaban parte de esa exigua minoría que definía lo europeo, permanecían ajenos a cualquier idea de Europa, lo que contrasta con las extensas clases medias contemporáneas, que tienen muy presente la existencia del Viejo Continente. Las élites volterianas podían crear, aunque solo en circuito cerrado, su propia Europa que era, sin embargo, mucho más real para ellos que la que tratan de edificar los eurócratas de Bruselas, esos primeros europeos en un mundo que ya es de ciudadanos y no súbditos, pero que solo se plantean qué puede hacer Europa por ellos y no ellos por Europa.

Esa Europa(e), presa hoy de una crisis mucho más que económica, sigue imaginándose a través de sus clases medias en sus lenguas nacionales. El inglés, pese a su propagación universal nunca será el latín contemporáneo, una lengua que era de todos y por ello de nadie. Hoy, en cambio, todo el mundo habla inglés, pero raro es el que lo piensa, aunque solo sea porque no sirve para pensar Europa, sino su contrario. En medio de la Babel resultante únicamente aparece un lenguaje común: la economía, siempre instrumentalizada por el egoísmo nacional de los Estados miembros. Y no existe en la UE una fuerza que se sobreponga a ese particularismo. Gran Bretaña no es candidata por su aversión a lo abstracto; Alemania porque vacila a la hora de tirar del carro. Solo queda Francia con tan importantes activos como graves notas al pie. Entre las primeras, sus vigorosas instituciones; entre las segundas, la congénita interrogación de los franceses sobre la decadencia nacional, paradójicamente unida a un exceso de testosterona soberanista. Para De Gaulle la comunidad era en los años sesenta "ce machin" (ese cachivache); y 20 años más tarde para Jacques Delors -que iba más allá de aquel sacro egoísmo-, "un objeto volante no identificado".

El politólogo norteamericano Larry Siedentorp escribía en el año 2000 que la comunidad "no poseía la capa social o unidad de creencia" sobre la que edificar un aparato político coherente, y alertaba proféticamente contra "las fuerzas inexorables del mercado y las élites que han escapado a cualquier control democrático" (Democracy in Europe); las mismas que no quisieron, pudieron o supieron conjurar la devastadora catástrofe financiera, y cuya capacidad normativa sobre el ciudadano es casi inexistente.

La sequía ideológica en el mundo occidental ha sustituido integración europea por un sucedáneo, la cooperación intergubernamental. Y el resultado ha sido un árido economicismo, como si solo importaran las fuerzas del mercado. El fracaso de las élites y el de su parroquia nacional es perfectamente comparable.

¿Pero existe una pulsión, aun telúrica, que una a la mayor parte de pueblos europeos? Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu era "la nostalgia de imperio", lo que solo resultaría aplicable a Francia, España, Portugal, a lo sumo Holanda, y en absoluto a Gran Bretaña, que ha elegido la vinculación atlántica. Y si miramos al Este, con la excepción relativa de Polonia y la República Checa, domina la impronta bizantina, lo que incluye a Grecia, que está mucho más próxima a la Tercera Roma -Moscú- que a la primera. La expansión de la UE al Este, seguramente inevitable, no dejaba por ello de exponer la falla geopolítica que separa las dos Europas.

El británico Perry Anderson (The New Old World) argumenta que a esa Europa(e) le falta una religión civil, como puso de manifiesto el rechazo, notablemente en Francia, de una constitución para la Unión Europea, consulta en la que los que querían más unión y los que querían menos, Delors y De Gaulle, acabaron dándose la mano para ignorar la existencia de una Europa(e) a medio camino entre ambas. Europa o Europe, en la doble versión de sus principales lenguas, es una idea para la que es difícil determinar si ha llegado la hora. Pero hoy Voltaire diría que ha perdido casi todo su atractivo.