20111127

Ya era hora: el bipartidismo entra en crisis (Joaquí Prieto)... el País se sincera

El Partido Popular consiguió muchísimos votos el domingo pasado, 10,8 millones, pero no tantos como para justificar la idea de un impulso irrefrenable de España hacia la derecha. Un 5% más de votos que en 2008 no puede considerarse un maremoto electoral. Mucho más significativo es que casi cuatro de cada diez votantes del PSOE se han borrado de esta opción, y que un conjunto de pequeños partidos penetran con fuerza entre los ciudadanos. Todo ello en un contexto de crecimiento de los abstencionistas, y de los que votan en blanco o nulo. Lejos de simplificarse, el nuevo mapa político español refleja una realidad más compleja.

Todo parte de la ruptura de la dinámica bipartidista. Una de las dos patas que la sostenían —el PSOE— se ha desplomado y este partido, actualmente la segunda fuerza, se encuentra débil como nunca desde los tiempos de la Transición. Los nacionalistas se mantienen con pequeñas oscilaciones, pero la incorporación de la izquierda abertzale implica la actividad de una minoría con la que no se había contado en las últimas legislaturas. A ello se añade la victoria de partidos emergentes de ámbito estatal, que pugnan por dar guerra en serio, y ante los cuales solo se alzan, como último obstáculo para adquirir fuerza parlamentaria, las reglas del sistema electoral.

Los síntomas de crisis del bipartidismo se evidencian en varios datos. Entre los dos principales partidos, socialista y popular, sumaban el 92% de los escaños en la última legislatura. Tras el 20-N, ese control de las dos fuerzas más importantes se ha reducido al 84,5% de la Cámara. Vamos a vivir en una legislatura dominada por un partido, que no necesita pactar con otros para tomar decisiones —salvo aquellas que exigen mayorías reforzadas—, pero con más minorías de las que hasta ahora actuaban en el Congreso, de discursos y reivindicaciones contundentes.

Es pronto para saber si la crisis bipartidista destapada por las elecciones del 20-N es coyuntural, debida al miedo provocado por la crisis económica y financiera, o si anuncia la transformación del sistema de alternancia que conocemos desde los años noventa —a veces gobierna el PSOE, a veces el PP— en otro donde sean precisas más coaliciones. Por cierto, esto último es lo normal en casi todos los países de Europa donde las elecciones se realizan por escrutinio proporcional.

De momento no se observa un viraje contundente a la derecha, capaz de consolidar un partido hegemónico. La mayoría absoluta del PP ha sido prefabricada por el sistema electoral, que le ha concedido 8,5 puntos más de escaños que de votos: con el 44,6% de los sufragios, el PP obtiene el 53,1% de los asientos del Congreso. Otras mayorías absolutas anteriores tampoco se basaban en mayorías equivalentes de votos. Así ocurrió incluso en la primera gran victoria de Felipe González en 1982, lo cual confirma, por enésima vez, el maquiavelismo de quienes inventaron un régimen electoral que, aun llamándose proporcional, trabaja para favorecer la gobernabilidad del partido más votado.

Amaiur obtiene un diputado por cada 47.661 votos. A UPyD, cada escaño le ‘cuesta’ 228.048 sufragios

¿Cómo se consiguen porcentajes considerablemente mayores de escaños que de votos? Por descontado, no se trata de una mano negra que da o quita diputados a capricho de oscuras voluntades. Tampoco es solo el fruto de la fórmula D’Hondt, que ha quedado en el imaginario colectivo como icono de la desproporcionalidad, cuando su papel se limita al de modesta contribuyente. Lo decisivo es el tamaño de los distritos en que se efectúa la elección general, que son las provincias. Cuando los distritos tienen pocos escaños a repartir, las minorías generalmente se quedan sin diputados electos. Por eso pierden tantos sufragios los medianos y pequeños partidos de ámbito estatal.

En cambio, los nacionalistas bien implantados han obtenido resultados muy cercanos a la proporcionalidad. 

Este fenómeno, tradicional en CiU y el PNV, se extiende ahora a Amaiur (la opción de la izquierda abertzale) porque, desde el punto de vista electoral, funciona igual que los otros nacionalistas, es decir: aprovecha bien la concentración de sus apoyos para sacar diputados. Y por eso cada escaño le cuesta muchos menos votos que a otros: 47.661.

La mayoría absoluta del PP ha sido ‘prefabricada’ por el sistema electoral: ha tenido 8,5 puntos más de escaños que de votos

El PP ha necesitado una media de 58.230 sufragios por diputado, y el PSOE, 63.399. Incomparablemente menos que UPyD, la formación de Rosa Díez, que ha sacado cada escaño al precio de 228.048 votos. La opción ecologista de Equo, respaldada por 215.000 ciudadanos, se queda fuera del Parlamento estatal —solo tiene representación en Valencia, al haber ido en coalición con Compromís—, mientras sus electores contemplan la entrada en la Cámara de cuatro opciones con muchos menos votos que la suya: los nacionalistas BNG, CC y GBAI, y el Foro por Asturias (el partido de Francisco Álvarez Cascos). No falla: una buena implantación en zonas territoriales concretas, de cualquier ideología, garantiza más representación en el Congreso que el respaldo de muchos más electores, pero dispersos.

Estos efectos del sistema electoral se deben, esencialmente, al tamaño de los distritos y al hecho de que ni la Constitución ni la ley consideran la población como el criterio fundamental para determinar cuántos escaños deben elegirse en cada provincia. Al contrario: esas normas obligan a reservar un mínimo de dos diputados a cada distrito (excepto uno en Ceuta y otro en Melilla), tanto a los densamente poblados como a aquellos en los que viven pocas personas; lo cual eleva a 102 el total de diputados cautivos de los mínimos. Y como el Congreso español solo tiene 350 asientos (es una Cámara más reducida que la británica, la francesa, la italiana, la alemana, la polaca…) quedan 248 escaños para repartir en función de la población. El resultado es que la mitad de los 52 distritos son de tamaño pequeño. En esas condiciones, el partido más votado tiene la oportunidad de sumar muchos escaños.

Veamos lo sucedido en diferentes territorios. Sin alcanzar el 50% de los votos, el PP logró más de la mitad de los escaños disputados en Andalucía, Aragón o Canarias. Y con votaciones de entre el 50% y el 55%, obtuvo el 61% de los diputados en la Comunidad Valenciana o el 65% en Castilla y León. El magnífico resultado parlamentario en las provincias de estos territorios —y en Murcia, La Rioja, Cantabria—, es menos proporcional que el de Madrid y Cataluña, donde cada escaño cuesta muchos más votos a todas las candidaturas. La proporción es ajustada en el País Vasco o Asturias, a causa de la fuerte concurrencia de opciones bien implantadas en estas comunidades.

A Mariano Rajoy le habría venido bien no solo la mayoría absoluta, sino un Parlamento menos complejo y con un segundo partido menos debilitado. Pero no es eso lo que los votantes y el sistema electoral han decidido.

(Por cierto que con este artículo parece que la tirria hacia IU es absoluta, ni nombrarla)

20111121

En breve: los más y los menos de un sistema electoral

Analicemos los siguientes datos:

 ELECCIONES 2008:

Voto emitido: 25,9 millones (73,85 % del electorado)
Abstención: 9,1 millones (26,15 % del electorado)

PP (10,3 millones de votos, 39,94 % votos totales)____________________154 escaños
PSOE (11,3 millones de votos, 43,87 % votos totales)_________________169 escaños
OTROS PARTIDOS (4,0 millones de votos, 14,44 % votos totales)_______27 escaños
VOTO NULO/BLANCO (0,3 millones de votos, 1,75 % votos totales)

 ELECCIONES 2011:

Voto emitido: 24,5 millones (71,69 % del electorado)
Abstención: 9,7 millones (28,31 % del electorado)


PP (10,8 millones de votos, 44,62 % votos totales)___________________186 escaños
PSOE (6,9 millones de votos, 28,73 % votos totales) _________________110 escaños
OTROS PARTIDOS (6,2 millones de votos, 24,05 % votos totales)______54 escaños
VOTO NULO/BLANCO (0,6 millones de votos, 2,60 % votos totales)

A la vista de estos datos, alguien me puede explicar:

¿Por qué el PP en 2011 habiendo obtenido menos votos que el PSOE en 2008 tiene una mayoría absoluta contando con 186 diputados mientras el PSOE solo contaba entonces con 169? 

¿Por qué los medios se empeñan en decir que hoy Rajoy con el 31,5% del electorado total a su favor cuenta con la total complicidad de los españoles (me fallan los números, a ZP le votó en 2008 el 32,3% del  electorado)? 

¿Por qué obteniendo el resto de formaciones 6,2 millones de votos, casi los mismo que el PSOE con 6,9 millones solo han obtenido 54 escaños mientra que el PSOE a pesar del batacazo conserva 110?

Desde luego, a la vista de los resultados, el sistema electoral español tiene un déficit democrático importante cuando se producen estos hechos. Esto, acompañado de la actuación poco reflexiva (con una abstención de más de nueve millones del electorado, o con el uso del mal llamado "voto útil") de gran parte del electorado español no hacen más que decepcionar aquellos que reflexionan hoy por una democracia más participativa donde la ciudadanía gane protagonismo.


Las opciones elegidas por el electorado español

La traducción a un sistema más justo

Dos excepciones en el mapa azul autonómico (por Jesús Ceberio)

 El resultado electoral del 20-N ha sido tan contundente que los titulares van de la histórica victoria del PP a la derrota igualmente histórica del PSOE con un margen de casi cuatro millones de votos. Los socialistas sólo han salvado dos provincias de una marea popular que ha teñido todo el mapa de azul con dos excepciones relevantes: Cataluña y el País Vasco, donde se consolidan unas fuerzas nacionalistas que se proponen desbordar el marco estatutario vigente cuando no el ejercicio del derecho de autodeterminación como paso hacia la independencia. La economía ha sido casi el único caballo de batalla allí donde el voto se decidía en términos bipartidistas, pero cada cita con las urnas nos recuerda que en esos dos territorios se mantienen vivas unas demandas de difícil encaje constitucional, que han tenido esta vez un apoyo mayoritario.

Las encuestas atinaron con el vuelco entre los dos principales partidos, pero sobrevaloraron el peso de sus votos en las comunidades vasca y catalana. La victoria de CiU, que por primera vez desde 1977 supera a los socialistas, ha sido una sorpresa que consolida el poder de Mas después de un duro plan de recortes que había poblado las calles de protestas. Duran i Lleida ya se ha ofrecido a Rajoy como socio potencial para un plan de choque contra la crisis, pero en la otra mano trae la exigencia de un pacto fiscal para Cataluña que establezca un tope a la transferencia de recursos al resto de España. La revisión del sistema de financiación autonómica en 2013 se apunta como un momento de alta tensión a menos que se allane el camino en negociaciones discretas y directas como desea el líder de CiU.
El poderoso desembarco de Amaiur en el Congreso, con siete diputados y grupo propio, anticipa una fricción permanente en todas las materias relacionadas con el marco territorial del Estado. Su programa electoral versa exclusivamente sobre el ejercicio del derecho de autodeterminación en una Euskal Herria que incluye las comunidades de Euskadi y Navarra. El PNV, que gracias a su feudo de Vizcaya ha conseguido salvar el liderazgo en votos aunque no en escaños, incorpora también una nueva versión del "derecho a decidir" que Ibarretxe convirtió en su bandera. Está por ver si la fuerte irrupción de Amaiur modera a un PNV que presenta un programa económico compatible con el del PP y cuyo líder, Íñigo Urkullu, ha cultivado la relación personal con Rajoy.

Otro error de los sondeos ha sido sobreponderar el trasvase directo de votos socialistas al PP, que se anticipaba muy cuantioso. Rajoy apenas ha rebañado medio millón de votos de los 4,3 millones perdidos por el PSOE en su última travesía, que han nutrido sobre todo a Izquierda Unida (+700.000), UPyD (+830.000) y la abstención. La gran ola popular que le ha permitido a Rajoy superar todos los registros de Aznar en 2000 (escaños, porcentaje y número de votos) se asienta no tanto en la deserción socialista cuanto en la fidelidad de los votantes conservadores.

Esto significaría que la resistencia a saltar directamente del PSOE al PP es mayor de la prevista, aun en tiempos de máxima tribulación. Tal vez sea la única lectura positiva que los socialistas puedan hacer de una aciaga jornada electoral que les ha conducido a una sima histórica después de haber alcanzado su cima en 2008, con 11,2 millones de sufragios. Hombre de récords -ha ganado con más de once millones de votos las dos únicas elecciones generales a las que se ha presentado-, Zapatero tiene que asumir como propia la humillante derrota de este domingo aunque fuera por candidato interpuesto.

La inmediata convocatoria de un congreso para elegir nuevo secretario general es un rasgo de sensatez. La generación que le aupó sale achicharrada de este proceso, especialmente su sucesora in pectore Carme Chacón, que en las vísperas electorales hacía ejercicios de calentamiento con ambigüedad calculada. La sangría de 700.000 votos que le ha hecho perder las elecciones en Cataluña puede haber amortizado sus aspiraciones. Al margen de cómo resuelva el PSOE el proceso sucesorio, una cosa parece clara: Rubalcaba es ahora mismo su mejor líder parlamentario. Lo demostró en su debate con Rajoy.

20111120

¿Se romperá la UE? En una palabra: no (Claudi Pérez)


Tal vez no lo parece, pero esto es un reportaje. Cuando en el mundo sucede algo grave, los diarios suelen mandar a un reportero para tener una mirada del desastre de primera mano. Cuando la catástrofe es económica, y eso viene siendo frecuente, siempre hay un periodista dispuesto a viajar hasta algún lugar recóndito (México y Argentina; Japón y Tailandia; últimamente enclaves menos exóticos, Nueva York, Atenas, Dublín, Atenas, Atenas, Atenas) para ejercer ese viejo oficio que consiste en ir, ver y contar. Pero esta vez no hay que coger el avión. Para escribir este reportaje no hace falta moverse de Madrid. Esta vez los bárbaros están a las puertas de Europa y pueden provocar un accidente financiero. Incluso más allá de la economía: el declive económico suele anunciar, en general, la decadencia de los imperios. ¿Tiene sentido empezar a pensar qué sería de Europa sin euro, incluso sin esa UE envejecida y esclerótica que pierde peso en el nuevo orden del capitalismo global? Puede tenerlo: la probabilidad de ese accidente (la fractura de la mismísima UE) es ínfima, pero ha dejado de ser nula.

Europa vivió siempre en perpetua crisis: las crisis han sido su principal motor de progreso. Y una vez más los analistas piensan que aún hay margen, que la UE se acerca peligrosamente al abismo, pero al final sabrá encontrar una solución. El problema es esa manía que consiste en acercarse tanto al precipicio, y tan a menudo. Una fractura del euro es posible: puede que algún país decida abandonar la eurozona sin salir de la UE tras una sobredosis de recortes que puede ser contraproducente. Incluso la posibilidad más extrema, una quiebra de la Unión, no puede descartarse de forma categórica. Y en caso de sustanciarse dejaría duras secuelas: un caos financiero, económico y social; probablemente, una depresión global. Y 60 años de esfuerzos tirados a la basura.

“La fractura de la UE sería el equivalente a una guerra incruenta”, explica Charles Grant, del Center for European Reform, un think tank europeísta con sede en la habitualmente eurófoba Londres. Por eso no puede suceder: no va a suceder, según Grant y la práctica totalidad de la docena de expertos en varios ámbitos consultados. “Lo peor ya es perfectamente posible. Pero un final desordenado de la UE son palabras mayores. Hasta ahora, Europa ha sabido reaccionar, aunque haya sido en el último suspiro, a regañadientes. Pero quizá seguir pensando que vamos a encontrar la puerta de salida sea un ejercicio de voluntarismo: confieso que ahora mismo ya no estoy tan seguro”, asume Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo y presidente del Instituto Universitario Europeo de Florencia.

En momentos bisagra de la historia, un acontecimiento capital trastoca el orden de las cosas, influye sobre la trayectoria de una sociedad y desata un movimiento tectónico. Reino Unido abandonó el patrón oro en 1931 y dio paso a la primacía norteamericana. Cuarenta años después, EE UU rompió la relación entre dólar y oro en 1971 y formalizó el inicio de un largo declive que se resume así: Occidente deja paso a Oriente. Las fechas son caprichosas: de nuevo 40 años más tarde le toca el turno a Europa y su euro, con una crisis que subraya su propia agonía y esa imparable pujanza del Este. Porque la crisis del euro esconde cicatrices profundas: la narrativa del proyecto europeo se ha agotado. Sesenta años después del Tratado de Roma, Europa no sabe qué historia quiere contar.

“Un relato político compartido sostuvo durante tres generaciones el proyecto de integración europea, pero esa narración se ha desmoronado. La mayoría de los europeos, incluidos sus líderes, no saben ya de dónde vienen, y mucho menos hacia dónde quieren ir. Nadie se acuerda de que el proyecto sirvió para enjaular peligrosos diablos. Estamos cada vez más sometidos a esa idea de que es imposible cabalgar el tigre feroz que llamamos mercados. Y lo más importante: somos incapaces de construir un nuevo relato, que debe consistir en que la política vuelva a tomar las riendas”, explica José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de Historia de la Autónoma de Barcelona.

Hasta ahora, Europa ha sabido reaccionar, aunque haya sido en el último suspiro, a regañadientes
Josep Borrell
Europa apesta a dinero, pero las consecuencias de ese estado de excepción financiera permanente no son solo económicas: Francia e Italia han sugerido una suspensión del área Schengen por la llegada de inmigrantes. Los populismos y nacionalismos emergen en Finlandia, en Holanda, en Austria, en Francia, en una ola que amenaza con alcanzar a Alemania. El Estado del bienestar está temblando. Y los recortes y ese ascenso de la tecnocracia que imponen entre Berlín y los mercados han elevado la temperatura social. “La UE se está muriendo. No es una muerte dramática, sino a cámara lenta, en una decadencia que pone en peligro un proyecto que se daba por asentado”, explica Timothy Garton Ash en Los hechos son subversivos.

El triste espectáculo de dudas, sospechas, inquietudes, odio encubierto, buenas palabras que nunca se traducen en hechos y errores descomunales aboca a una situación crítica. “Y los problemas económicos, con ser importantes, esconden dificultades de otra índole: esta es una crisis política y el edificio institucional europeo no es suficientemente sólido. Pero no hay alternativa a la UE más allá del caos. El panorama es inquietante, pero eso no es nuevo para Europa, condenada a avanzar a sacudidas”, explica el sociólogo Salvador Giner.

Sin soluciones en Bruselas y Berlín, los mercados huelen sangre. Los pesimistas van en aumento e incluso retumban voces catastrofistas: el economista Bernard Connolly, el más siniestro apocalíptico de la UE, recibía esta semana tratamiento de estrella en The New York Times: “La actual política europea acabará provocando malestar social. Y no hay que olvidar que en esos países [Grecia, Irlanda, Portugal y España] ha habido guerras civiles, dictaduras fascistas y revoluciones. Ese es el futuro si esta locura maligna de la unión monetaria prosigue”.

Connolly, que trabajó en la UE en los años noventa y dirige ahora una consultora en Nueva York, declinó desarrollar su punto de vista en estas páginas. Pero no hace falta cruzar el charco para encontrar eurófobos: los hay incluso en el Parlamento Europeo. Enrique Barón, convencido europeísta que presidió esa Cámara en los años noventa, desdeña “los planteamientos extremos” de quienes se empeñan en hacer sonar trompetas de Jericó, pero no elude hablar de riesgos. “Europa, con apenas el 6% de la población mundial, es la primera potencia comercial del globo. Pero sin unión corre el peligro de ceder aún más protagonismo a EE UU y a las potencias emergentes: China y compañía. Sin UE, Europa sería un amasijo de particularismos, de territorios con mucha historia, grandes museos y ningún futuro”, avisa. El historiador Kevin O’Rourke resume el peligro que acecha: “Lo peor es que esa ruptura podría llegar tras años de austeridad impuesta a algunos países por parte de tecnócratas extranjeros. Las consecuencias políticas pueden ser severas”.

Hay quien advierte de que es precisamente ese discurso azuloscurocasinegro el que puede tener consecuencias: un ejecutivo de un fondo de alto riesgo apunta que si los periódicos se empeñan en meter “ese tipo de cosas en la cabeza de la gente”, tendremos “corridas bancarias y un accidente. Se está jugando con fuego”. Los think tanks proeuropeos son igual de rotundos. “Hay muchas maneras de que el euro se rompa, pero no estoy interesado en ser profeta del día del juicio final”, sentencia Daniel Gros, del Centre for European Policy Studies.

Europa parece cansada del peso de su propia historia; los alemanes tienen una palabra para ese sentimiento aparentemente indefinible, Geschichtsmüde. Y es precisamente Alemania quien tiene la clave para que los logros de 60 años (la moneda única, un acervo legislativo abrumador, la supresión de fronteras, la paz, esas cosas) no queden en agua de borrajas. “Europa es mi pasión, pero es una pasión a la Merkel”, decía la canciller hace unos meses. “Pero Angela Bismarck Thatcher, como la ha llamado el exministro alemán verde Joschka Fischer, debería quitarse de encima dogmas y tabús, y recordar que Europa exigió a Alemania grandes reparaciones de guerra en los años veinte y de aquello se salió con un resentimiento que provocó graves consecuencias: es aquello de que quienes olvidan la historia están condenados a repetirla”, resume Gerard Mortier, un belga que trabajó en Austria, Alemania y Francia y ahora dirige el Teatro Real de Madrid. De ese Madrid que es, de nuevo, capital de la crisis europea y por tanto carne de reportajes como este, escritos sin necesidad de coger un avión hacia un lugar ignoto para contar un desastre.

20111119

El golpe de los tecnócratas

Las últimas encuestas, muy cercanas ya a la cita electoral, dan como inequívoco ganador a Rajoy, que al parecer va a ser el agua que apague todos los fuegos sobre los que ardemos.
Pero, imaginemos por un momento que ganase Pérez Rubalcaba. De repente, los millones de indecisos deciden dar un vuelco a las encuestas y gana con mayoría absoluta o relativa. ¿Cuánto tiempo duraría en el cargo de presidente? Viendo lo que pasa en otros países europeos, yo diría que poco. ¿A pesar de que le haya votado una mayoría de los ciudadanos españoles? Pues, sí, poco tiempo.
A Papandreu también le eligieron sus ciudadanos, ya en plena crisis, y ha durado dos años. Berlusconi ha durado más, aunque, en este caso, sin ser santo de la devoción de nadie, salvo de los ciudadanos italianos que le votaron. En estos dos casos los candidatos elegidos por la población, han sido sustituidos por unos "técnicos" que van a sacar de la crisis a sus respectivos países tomando decisiones no "contaminadas" por la política. Pero decisiones rápidas, que los mercados no perdonan y a los días desde la toma de posesión ya les están revolviendo el estómago de las deudas. En Portugal e Irlanda, los Gobiernos elegidos ya durante la crisis, apenas duraron dos años.
¿Cuánto tiempo dejarían gobernar a Rubalcaba? ¿En qué momento entrarían los técnicos? ¿Durante cuánto tiempo es válido el voto de la población?
Pero volvamos a la realidad. Gana Rajoy y, en su línea, dice que se va a tomar un tiempo para tomar decisiones dolorosas para la población, incluidos sus votantes. O si las decisiones, por muy dolorosas hayan sido, nos dejan donde estamos. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de empezar a escuchar el runrún de que es necesario un Gobierno técnico?- José Luis Postigo. Madrid.
Leo asombrado la tranquilidad con la que se transmiten las noticias de la dimisión (destitución) de Silvio Berlusconi y del Gobierno griego, que según todas las informaciones, se produce a causa de las presiones de los mercados. Hasta en nuestro propio país se proyecta ese mensaje de la necesidad de "tranquilizar" a los mercados, como la razón más importante para un cambio de Gobierno. Y me invade un miedo enorme, porque es sencillamente un chantaje a la democracia, de alguna manera, un nuevo tipo de golpe de Estado, que podemos llamar la dictadura de los mercados.-Leandro Pereira Meyer. Vigo, Pontevedra

20111107

Adolescencia y Sexualidades Minoritarias

(Investigación antropológica desarrollada por la Comisión de Educación de COGAM en colaboración con el Departamento de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid)

Soledad, marginación, vivencia de la injuria, el insulto y la agresión –física y psicológica- son experiencias comunes a la mayor parte de las/los adolescentes lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB). A pesar de los avances que se han dado hacia la igualdad legal entre heterosexuales, homosexuales y transexuales en España, estos jóvenes sufren importantes discriminaciones de hecho. Todo ello no impide que los adolescentes LGTB cada vez comiencen a autoaceptarse y hacerse más visibles a edades más tempranas.

Este informe pretende sacar a la luz la realidad, oculta y silenciada, que vive un sector de la población a la que ni el Sistema Educativo ni las instituciones encargadas del bienestar de la juventud prestan suficiente atención: los adolescentes LGTB.

Este estudio cualitativo se ha basado en una serie de entrevistas en profundidad a jóvenes lesbianas, gays, bisexuales y transexuales de entre 12 y 18 años y procedentes de todo el Estado, así como en el análisis de las redes de relación que se establecen entre estos adolescentes a través de internet. También se han analizado los medios de comunicación que consumen, así como la respuesta que las instituciones públicas dan a los problemas que les plantea el rechazo de su orientación o identidad sexual.

Para responder a las múltiples preguntas sin respuesta existentes sobre los adolescentes LGTB, se establecieron unas áreas de estudio: situaciones de exclusión, familia, escuela, grupo de iguales… En el transcurso de las entrevistas pronto se constató que, de un modo u otro, tarde o temprano todas esas áreas de sus vidas se terminaban convirtiendo en situaciones de exclusión. Esas entrevistas sacaron a la luz demasiados relatos de sufrimiento.

Estas son, a grandes rasgos, las conclusiones que se desprenden de las más de 120 páginas del informe:

-          Siguen existiendo muchas trabas para que un joven pueda reconocerse a sí mismo, y a los demás, que es lesbiana, gay, transexual o bisexual.
-          Sin embargo, la posibilidad de tener una pareja del mismo sexo, de tener hijos, de crear sus propios modelos de familia, de ser felices forma parte de sus horizontes vitales.
-          El insulto y la agresión, o el miedo a las mismas, son una constante en la vida de todos estos jóvenes. A lo largo del informe aparecen con notable frecuencia las palabras “miedo”, “temor”, “tener cuidado”, “riesgo”, etc. Quienes no han vivido las agresiones en primera persona, lo han hecho a través de personas próximas con las que se podían sentir identificadas y que les avisaban del peligro. También hablan con frecuencia de la “suerte” que tienen si sus amigos los aceptan, si no les agraden…
-          Se detecta un preocupante nivel de acoso escolar. Incluido el acoso por parte de profesores. Los institutos y la adolescencia es un tiempo y un espacio donde se exacerba la homofobia: la diversidad sexual no está presente muchas veces por miedo a la reacción de los padres; la homofobia forma parte de la masculinidad tradicional: “despreciar a los gays te hace más macho”.
-          El miedo les obliga a vivir dobles vidas que les generan unas considerables dosis de stress y ansiedad.
-          Se comienzan a detectar en algunas familias y centros escolares actitudes de respeto y apoyo a su identidad sexual. No obstante, la familia, la escuela y el grupo de amigos se convierten con demasiada frecuencia en espacios de exclusión.
-          No existen apenas espacios donde los adolescentes LGTB puedan socializar, expresarse libremente y mostrarse como son sin correr ningún riesgo. Los espacios destinados a los jóvenes no son espacios libres de homofobia y los espacios específicos para homosexuales y transexuales no están pensados para adolescentes. tienen dificultades, pues, para mantener relaciones románticas y/o sexuales, y para socializar en las relaciones sexoafectivas propias de su edad como sus compañeros/as heterosexuales.
-          A pesar del considerable aumento en la aparición de referentes LGTB, los medios de comunicación y los vídeo-juegos siguen presentando, en general, un marcado sesgo heterosexista. Sólo en rarísimas ocasiones se acercan a la realidad de los jóvenes gays, y casi nunca a la de las lesbianas y transexuales adolescentes. Esas aproximaciones, además de ser escasas, suelen mostrar estereotipos más que diversidad de realidades.
-          Internet se ha convertido en un espacio liberador para las y los adolescentes LGTB ya que les provee de información sobre la sexualidad en general y la homosexualidad en particular. Les permite además establecer contacto con otros adolescentes de su edad y compartir experiencias. Pero no hay que olvidar los riesgos de internet. Información no siempre es formación.
-          Faltan, por tanto, espacios propios para adolescentes LGBT en el ciberespacio, en los que se sientan libres y seguros. Algunos de estos adolescentes los están creando a través de blogs
-          La situación de los/las transexuales adolescentes es de especial desamparo, ya que existen muy pocos recursos a los que poder aproximarse.
-          La falta de educación sexual específica los sitúa a menudo en situaciones de riesgo:
o   Hay una cierta tendencia a iniciarse en el sexo con mayores, por la dificultad de encontrar jóvenes de su edad (nos lo pedían por correo electrónico).
o   Vulnerabilidad también frente al abuso sexual, que no se denuncia: “Yo pensaba que era culpa mía”.
o   Desinformación y menor autoestima para prevenir ITS y respecto a VIH-SIDA o relaciones sexuales no deseadas.


Los relatos de vida cotidiana que han transmitido los informantes del estudio son, en ocasiones, dramáticos (incluyen, por ejemplo, un intento de suicidio a causa del rechazo familiar), y con frecuencia transmiten un gran sentimiento de dolor, de frustración y de insatisfacción con el Sistema Educativo. Pero muestran también un destacable esfuerzo de resistencia, fortaleza, optimismo y capacidad de superación de los problemas. Por todo ello, el informe ha querido recoger una serie de recomendaciones que, de llevarse a efecto, harían la vida de estos adolescentes un poco más sencilla:

-          Es preciso apoyar a las familias, ayudarles a obtener información y conocimiento de la realidad de sus hijos LGTB.
-          El lenguaje empleado por educadores, medios de comunicación e instituciones ha de ser inclusivo: es decir, debe desterrarse la presunción de heterosexualidad que tantos daños psicológicos y tanta presión produce en los jóvenes que no comparten esa heterosexualidad.
-          Es imprescindible acabar con el silencio que lleva a pensar que no existen los adolescentes LGTB. La diversidad afectivo-sexual enriquece nuestra sociedad y como tal riqueza debe transmitirse.
-          Ha de acabarse con los insultos homófobos que están generalizados en centros educativos, clubs deportivos, espacios de ocio, medios de comunicación, etc.
-          El combate contra el sexismo a través de la educación es fundamental para conseguir acabar con la idea de masculinidad basada en el desprecio a lo femenino. La diversidad sexual y familiar debe incorporarse de forma transversal a los currículos educativos.
-          Deben implementarse programas que fomenten espacios libres de homofobia donde los jóvenes LGTB puedan expresarse libremente sin ningún riesgo y socializar con sus iguales. También debe fomentarse el respeto a la diversidad entre todos los jóvenes.
-          Han de planificarse campañas sobre sexo seguro específicamente diseñadas para una población especialmente vulnerable como es la de los gays adolescentes.

Esta investigación coincide con otras realizadas en la UE, en EEUU o Canadá, que alertan del mayor índice de suicidios entre adolescentes LGTB que entre heterosexuales, de mayores niveles de marginación y vulnerabilidad frente al SIDA y otras ETS’s, mayor riesgo de fracaso escolar, etc.

Por eso, este estudio demanda a las autoridades educativas, a las instituciones encargadas del bienestar de los/las jóvenes y a las familias, que hagan un esfuerzo por seguir profundizando en el conocimiento de la realidad de estas personas y por acercarse a las problemáticas que viven para poder resolverlas y permitirles desarrollar su vida en igualdad de condiciones. Porque la principal conclusión de todo lo estudiado es que, a pesar de los avances hacia la igualdad legal y social, en la realidad cotidiana de los adolescentes LGTB esa igualdad no se ha transformado en algo factible.

Extractos de las entrevistas.
A continuación, presentamos unos extractos de las entrevistas realizadas a estos/as adolescentes, que dan una buena muestra de cuáles son sus principales preocupaciones:

VANESA, 15 años, MADRID.
“A los jóvenes homosexuales no se nos tiene en cuenta para nada. Es como si la homosexualidad apareciera... no sé, a partir de los 18, 19 años por lo menos.
Me parece que en vez de repartirnos tantas compresas y tampones deberían darnos verdaderas lecciones de educación sexual en todos los sentidos porque, sinceramente, de poco me sirve saber poner un condón a un plátano”.

BELEN, 15 años, MADRID.
“Me siento una persona muy afortunada. Siempre he considerado normal mi orientación sexual y creo que es la mejor que puedo tener. Tal vez con nuestra edad, sea más difícil conocer gente también bi/homosexual directamente. Aparte de en algunos foros o paginas, realmente con 15 años no puedes hacer mucho para conocer a otra gente”.

Alicia, 17 años,  Andalucía.
“Mi pareja todavía no lleva del todo bien eso de ser homosexual, le da miedo decírselo a las personas que la rodean y no quiere salir de casa, le da miedo”.

DAVID, 18 años, CATALUÑA.
“Los dos o tres últimos años de instituto sí exterioricé mi transexualidad. La única forma en que lo podía hacer era hablar en masculino con mis compañeros. Todo mi instituto sabe que me llamo David, todo el mundo lo sabe. Lo que pasa es que sólo hay 10 personas que tienen los cojones de tratarme en masculino”.

“La gente te puede cambiar el género durante un mismo día. Ayer mismo salgo del cine, el taquillero me trata de señor; pero justo cuando cruzo la calle una mujer “perdona, guapa”; pero justo cuando voy al metro “hola, chico”; pero justo cuando llego a mi casa, el taxista “venga, chica”. Entonces, eso te pasa en una hora, y ¿cuál es tu conclusión? ¡No tomes hormonas, no las necesitas! La gente necesita un filtro o algo, pero tú no necesitas nada”.

GOXOA, 18 años, EUSKADI.
“A los 13 años ya era consciente de mi sexualidad. Tuve neskas (novietas) pero sin mucha duración. Ya sabes, la confusión del principio, la obsesión por el camino recto… Pero soy un desviado, ¡qué se le va a hacer!”

“Soy muy cauto, siempre tomo precauciones. Ahora con Miguel, como llevamos un tiempo y nos somos fieles, estamos empezando a hacerlo a pelo”.

INÉS, 16 años, MADRID.
“Me miraban raro. Supongo ke lo hacían porke yo no me comportaba como ellas. No me dedicaba a ligar con los chicos, ni a ir a discotecas, ni a ponerme pote en la cara. Antes me consideraba una chica normal como todas. Ahora sé ke no soy normal. Soy mejor ke eso porke soy yo misma”.

“Confío en la sociedad, no tengo miedo a los trabajos y posibles discriminaciones porke sé ke a día de hoy cuento con numerosas instituciones ke están ahí para lo ke haga falta. No pierdo el miedo, a ke me miren mal por la calle si me ven con mi chica, a ke me agreda cualkiera... pero las ganas de vivir son más”.

JAIME, 16 años, EUSKADI.
“Una paliza que me dieron durante las fiestas de semana grande por un grupo de 7 tíos heterosexuales... por el simple hecho de ser gay...no tuve marcas así que no pude denunciar... Pero la humillación de aquel momento... el sentir que tu vida no vale nada…”

“El problema es que en una asociación para gays, lesbianas y transexuales, ¿cómo le vas a decir a un niño y a un adolescente de 16 años que viene a buscar ayuda que no se la puedes ofrecer? La adolescencia es muy importante: hay preguntas sin responder, hay muchos líos, muchas ideas rondando…”

“Te cambio todos los días del orgullo que quedan por no salir a la calle y me tengan que llamar maricón”.

JUAN CARLOS, 16 años, ANDALUCÍA.
“En el colegio no quiero que lo sepa mucha gente es porque aquello es de curas... y allí el 90% de alumnos, profesores y curas son homófobos a no poder más. Y no me da la gana de que me amarguen el año y medio que me queda allí estudiando, y menos que pueda influir en mi relación con la gente allí dentro y llevarme mal con los profesores y alumnos, que si no, se cría mala fama y eso influye en la nota negativamente”.

MANÉ, 18 años, MADRID.
“No aceptan que adoptemos, no aceptan... ¡Me da exactamente igual porque yo pienso tener muchos niños!”

“¡La juventud, divino tesoro!” Aquí en chueca ves gente de 50 años intentando parecer de 20... ¿Dónde está aquello de la arruga es bella? O envejecer con dignidad... Aunque hay que reconocer que aquí se hace: “¡Viejos fuera!”, que a mi me parece fatal.

PEDRO 16 LA RIOJA.
“Ese mismo año y teniendo yo 14, mis padres descubrieron mi homosexualidad leyendo mi diario. Yo creí que el día en que se enteraran lo iban a aceptar, ya que ellos eran aparentemente bastante tolerantes. Pero me equivoqué y me dijeron que estaba obsesionado, que era imposible que supiera que era homosexual, etc., etc.”

“Me siento incómodo en todas aquellas situaciones en las que se da por supuesta mi heterosexualidad, es decir, cuando alguien comenta algo sobre si me gusta alguna chica o si tengo novia (esto ocurre especialmente en la familia)”.

RAMÓN 18 CANTABRIA.
“Antes que gay soy persona. Tengo muchas ocupaciones, soy una persona muy activa: antes que gay soy de izquierdas, milito en un sindicato y esto me lleva parte de mi tiempo, pero participo en movimientos sociales de mi ciudad y organizo manifestaciones contra lo que surja. También me gusta mucho participar de la vida cultural, andar en bici, aprender idiomas...”

VICENTE, 17 años, CASTILLA-LEÓN.
“El siguiente paso, fue hablarlo con mi madre. Se lo dije fuera de mi ciudad. No te sabría decir cómo fue su reacción, creo que le impactó, pero disimuló por mí supongo. Su primera frase fue “¡Vaya! Tendré que volverte a dar educación sexual porque la que te he dado hasta ahora no sirve para nada”, con una sonrisa en la cara”.

“Desgraciadamente voy a un colegio de jesuitas, donde la homofobia se respira todos los días en el ambiente. Nuestro tutor, que es cura, suele dedicar horas enteras alimentando tópicos de los homosexuales mediante indirectas: promiscuos, relaciones estables inexistentes o muy cortas, etc.”

VICTOR, 13 años, MADRID.
“Si te refieres a si lo he hecho, aún no. Tengo una especie de novio, pero a los dos nos da un poco de miedo, no sé, imagino que tu sentiste lo mismo la primera vez, ¿no? Estoy informado. Internet te lo cuenta todo”.

20111102

Europa(e) por M. Á. BASTENIER

¿Existe una Europa política con capacidad para decidir su propio destino? A mediados del siglo XVIII, el que domina Voltaire, existía ya algo más que un preámbulo de Europa como escenario intelectual para una comunicación privilegiada entre sus élites. Los europeos -cierto que solo unos millares- poblaban los salones de la aristocracia, viajaban de París a San Petersburgo, y se carteaban en francés. Casi tres siglos más tarde, el número de europeos -todos aquellos que sientan su nacionalidad europea cuando menos tanto como la de su pasaporte-, suma ya unos centenares de miles, puede que incluso algún millón. En el mundo de Voltaire, los que no formaban parte de esa exigua minoría que definía lo europeo, permanecían ajenos a cualquier idea de Europa, lo que contrasta con las extensas clases medias contemporáneas, que tienen muy presente la existencia del Viejo Continente. Las élites volterianas podían crear, aunque solo en circuito cerrado, su propia Europa que era, sin embargo, mucho más real para ellos que la que tratan de edificar los eurócratas de Bruselas, esos primeros europeos en un mundo que ya es de ciudadanos y no súbditos, pero que solo se plantean qué puede hacer Europa por ellos y no ellos por Europa.

Esa Europa(e), presa hoy de una crisis mucho más que económica, sigue imaginándose a través de sus clases medias en sus lenguas nacionales. El inglés, pese a su propagación universal nunca será el latín contemporáneo, una lengua que era de todos y por ello de nadie. Hoy, en cambio, todo el mundo habla inglés, pero raro es el que lo piensa, aunque solo sea porque no sirve para pensar Europa, sino su contrario. En medio de la Babel resultante únicamente aparece un lenguaje común: la economía, siempre instrumentalizada por el egoísmo nacional de los Estados miembros. Y no existe en la UE una fuerza que se sobreponga a ese particularismo. Gran Bretaña no es candidata por su aversión a lo abstracto; Alemania porque vacila a la hora de tirar del carro. Solo queda Francia con tan importantes activos como graves notas al pie. Entre las primeras, sus vigorosas instituciones; entre las segundas, la congénita interrogación de los franceses sobre la decadencia nacional, paradójicamente unida a un exceso de testosterona soberanista. Para De Gaulle la comunidad era en los años sesenta "ce machin" (ese cachivache); y 20 años más tarde para Jacques Delors -que iba más allá de aquel sacro egoísmo-, "un objeto volante no identificado".

El politólogo norteamericano Larry Siedentorp escribía en el año 2000 que la comunidad "no poseía la capa social o unidad de creencia" sobre la que edificar un aparato político coherente, y alertaba proféticamente contra "las fuerzas inexorables del mercado y las élites que han escapado a cualquier control democrático" (Democracy in Europe); las mismas que no quisieron, pudieron o supieron conjurar la devastadora catástrofe financiera, y cuya capacidad normativa sobre el ciudadano es casi inexistente.

La sequía ideológica en el mundo occidental ha sustituido integración europea por un sucedáneo, la cooperación intergubernamental. Y el resultado ha sido un árido economicismo, como si solo importaran las fuerzas del mercado. El fracaso de las élites y el de su parroquia nacional es perfectamente comparable.

¿Pero existe una pulsión, aun telúrica, que una a la mayor parte de pueblos europeos? Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu era "la nostalgia de imperio", lo que solo resultaría aplicable a Francia, España, Portugal, a lo sumo Holanda, y en absoluto a Gran Bretaña, que ha elegido la vinculación atlántica. Y si miramos al Este, con la excepción relativa de Polonia y la República Checa, domina la impronta bizantina, lo que incluye a Grecia, que está mucho más próxima a la Tercera Roma -Moscú- que a la primera. La expansión de la UE al Este, seguramente inevitable, no dejaba por ello de exponer la falla geopolítica que separa las dos Europas.

El británico Perry Anderson (The New Old World) argumenta que a esa Europa(e) le falta una religión civil, como puso de manifiesto el rechazo, notablemente en Francia, de una constitución para la Unión Europea, consulta en la que los que querían más unión y los que querían menos, Delors y De Gaulle, acabaron dándose la mano para ignorar la existencia de una Europa(e) a medio camino entre ambas. Europa o Europe, en la doble versión de sus principales lenguas, es una idea para la que es difícil determinar si ha llegado la hora. Pero hoy Voltaire diría que ha perdido casi todo su atractivo.

20110621

Cuando la socialdemocracia también falla

 EL PAÍS

TRIBUNA: JAVIER VALENZUELA

¿Cómo se lo explico a mis hijos?

El último fracaso de Zapatero es que vaya a sucederle en La Moncloa alguien de la generación política anterior a la suya. A los jóvenes que piden una regeneración de nuestra democracia les va a resultar difícil entenderlo 

 

Hay un truco útil para saber cuándo el pragmatismo empieza a ser indefendible, cuándo es tan solo mera aceptación resignada de una situación anacrónica, injusta o disparatada. Consiste en preguntarse: ¿cómo puedo explicárselo a mis hijos? Ahora tenemos en España un ejemplo paradigmático: ¿cómo puede un español de mi generación explicarle a hijos de entre 18 y 25 años de edad que en las próximas elecciones legislativas van a tener que escoger entre Rajoy y Rubalcaba? Máxime si esos hijos simpatizan con el movimiento de regeneración democrática del 15-M.

Que nadie se asuste: no estoy pensando en la edad de esos dos caballeros, estoy pensando en lo que encarnan: políticos profesionales desde hace décadas, curtidos zorros del establishment, veteranos segundones como les definía el otro día Josep Ramoneda reflexionando sobre este mismo asunto. Rubalcaba y Rajoy ya hacían política en los ochenta y eran ministros en los noventa, así que nuestros hijos los han visto en la tele desde que llevaban pañales. Ambos se forjaron a la sombra de dos hombres que fueron presidentes el pasado siglo, González y Aznar, y ambos son, sin duda, maestros en el arte de la supervivencia en las alturas del poder. Cada cual a su manera, Rubalcaba y Rajoy se las saben todas, con ellos no hay quien pueda, sus colmillos de tan retorcidos son churriguerescos. Y por esto su inminente pugna electoral contrasta de modo tan chocante con la presencia en las calles y plazas españolas de miles de jóvenes, de edad o de espíritu, que piden una mejor democracia, menos politiquera, menos partitocrática, menos bipartidista, menos profesionalizada, no tan sumisa a los ricos y poderosos, no tan alejada de la gente.

He aquí otra constatación fehaciente del fracaso de Zapatero en su inicial empeño por revitalizar la democracia española. Tras siete años de gobierno del leonés, la alternativa que ahora se les propone a los ciudadanos es escoger entre el sucesor designado en 2003 por Aznar -un Rajoy varias veces ministro, derrotado luego en dos legislativas y que nunca ha entusiasmado ni tan siquiera a muchos de esos millones de españoles que votan a la derecha- y el portavoz del último Gobierno de Felipe González en aquella época (1993-1996) asociada con los escándalos. En términos políticos, el abuelo va a heredar al hijo.

Zapatero llegó a La Moncloa prometiendo a los jóvenes que nos les fallaría y que el poder no le cambiaría. A la postre, les ha fallado y hasta puede decirse que el Movimiento del 15-M es el de los hijos desencantados del zapaterismo. El leonés también ha sido cambiado por el poder de tal manera que ya no hay quien reconozca a aquel ZP inexperto pero valiente que osaba desafiar al emperador Bush retirando las tropas de Irak y a Juan Pablo II impulsando el matrimonio gay. Hace ya tiempo que Zapatero solo va de cumbre en cumbre sin pisar jamás la tierra llana donde habitan los mortales, esos 11 millones de españoles que confiaron en él en 2004 y 2008. En España gusta de fotografiarse en compañía de empresarios y banqueros, y en el extranjero se le ve en la tele intentando abrirse un hueco en reuniones de políticos conservadores, financieros rapaces y otros DSK.

Zapatero hubiera hecho bien en tomar las lecciones de economía socialdemócrata que alguien le recomendó. En su primera legislatura, cuando las vacas eran gordas, no hizo ningún cambio sustancial en las políticas económicas heredadas de Aznar y Rato. Ni reforma fiscal para que paguen algo menos las clases populares y medias y algo más los multimillonarios, ni promoción de una banca y una empresa energética públicas, ni desinfle controlado de la burbuja inmobiliaria. Como el crecimiento, impulsado por la especulación financiera e inmobiliaria, era vigoroso, las arcas de Hacienda recibían sustanciosos ingresos fiscales con los que poder financiar mayores gastos sociales. Aunque esos gastos, como el cheque bebé o la deducción de 400 euros, fueran poco o nada progresivos, alcanzaran por igual a la hija del banquero que a la del albañil.

Tras el autoritarismo de lo que Vázquez Montalbán dio en llamar el aznarato, la llegada de Zapatero a La Moncloa fue un chorro de aire fresco, de libertad y tolerancia. En su primera legislatura, Zapatero fue progresista en política internacional, derechos civiles e igualdad de género, para escándalo de la berroqueña derecha española y desdén de ese centro-izquierda anquilosado en la nostalgia de la Transición y de la prodigiosa década felipista de los ochenta. Pero no fue socialdemócrata en política económica. Se creyó aquello de que se podían hacer políticas progresistas de gasto sin hacer políticas progresistas de ingreso. A esto los ingleses lo llamaban la Tercera Vía.

Tal vez la mejor definición de la Tercera Vía se encuentre en el retrato de Blair incluido en el libro Sobre el olvidado siglo XX, de Tony Judt. Cuenta allí Judt que, en 2001, en un debate radiofónico sobre las legislativas británicas, una joven periodista preguntó si había alguna diferencia entre la pasión de Thatcher por las privatizaciones y la de Blair. Le respondió el director del conservador Daily Telegraph con esta mordaz sentencia: "Thatcher creía en las privatizaciones, a Blair simplemente le gustan los ricos". Ahí está la clave de la actual hegemonía conservadora en Europa: el electorado, puesto a elegir, prefiere el original desacomplejado a la copia vergonzosa.
Ya bien entrada una crisis que, para desesperación de tantos de sus votantes que la sufrían en sus propias carnes, negó durante demasiado tiempo, Zapatero dejó de ser definitivamente ZP el 12 de mayo de 2010. Con la fe del converso, según unos, con vocación de chivo expiatorio, según otros, adoptó las reformas impuestas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, las que corresponden a los intereses y la ideología del capitalismo financiero internacional. Y si en las cosas del comer desencantó así a sus votantes, hacía tiempo que otras de sus promesas -reforma constitucional, renovación judicial, federalización de España- habían quedado atascadas tanto por la intransigencia de la derecha, su absoluta negativa a cooperar con el Gobierno socialista, como por el buenismo y la mansedumbre, la desorganización y la cacofonía, las vacilaciones y las contradicciones de Zapatero y los suyos.
El nuevo capítulo de la historia de España ha comenzado a escribirse en tres días del pasado mayo. El día 15, la juventud salió a la calle para reclamar cosas tan concretas y razonables como una reforma electoral que refleje mejor nuestra pluralidad o la dación o entrega de las llaves del piso como pago definitivo de una hipoteca. El 22, el PSOE se pegó un castañazo en las municipales y autonómicas, perdiendo un millón y medio de votos. El 28, el Comité Federal del PSOE proclamó a Rubalcaba candidato presidencial único; Zapatero no pudo cumplir ni su última promesa: que su sucesor sería elegido en unas verdaderas primarias.
"España, económicamente noqueada, está dirigida por un hombre políticamente noqueado", acaba de escribir Silvia Desazars en Le Monde. Y lo peor es que, en un momento en que la mayoría de los ciudadanos percibe a los políticos como un problema más grave incluso que el terrorismo, a los hijos de mi generación se les propone que a este hombre noqueado le sustituya uno de los dos púgiles que ya se subían a los cuadriláteros en los tiempos del Potro de Vallecas.
Lo diré de nuevo: nuestros hijos no tienen nada contra la edad. Al contrario, los nonagenarios Hessel y Sampedro son para muchos un referente de sabiduría rebelde. Lo que no aprecian es la figura del apoltronado que predica la resignación, que rezonga que las cosas no pueden cambiarse, que pontifica sobre el carácter sagrado de tal o cual texto o sobre la imposibilidad de políticas alternativas, que gruñe aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Judt llamaba a esta actitud la "coacción paternalista del nosotros sabemos lo que es mejor para ti". Nuestros hijos quieren a sus padres y abuelos, pero no soportan, y con razón, el paternalismo.

 

20110517

Indignación, movilización... alternativa (no lo olvidemos, aprendamos del pasado)


     A continuación, os dejo el artículo de José Juan Toharia publicado en el País. Es de lo mejor que he leido sobre lo que está ocurriendo tras la masiva manifestación del 15M, que no olvidemos tenía que competir también con la programación de las fiestas de San Isidro. Personalmente respirar el ambiente de la manifestación me sentó estupendamente. Sin embargo, ahora es tiempo de dar un paso más allá: proponer alternativas. 

     Estamos indignados, unos nos movilizamos (y otros no tanto, aunque la indignación sea más que menos general), ahora nos toca poner sobre la mesa lo que de verdad queremos. Quizá Democracia Real Ya! podría ser la base de una nueva alternativa en la próximas generales. Si algo sobraba en su manifiesto es aquello de: "otros somos apolíticos". La política es indisociable a hombres y mujeres en su magma social. La política se hace patente cada vez que tratamos con otro ser humano, la política es nuestro medio para resolver los conflictos que nos surgen día a día frutos de nuestra necesidad de compartir la vida con otras personas. No creo que nadie sea apolítico. La política que vemos en nuestras pantallas no es, sin embargo algo que nos guste; quizá ni siquiera merece en muchos casos recibir tal nombre.

     Me parece indignante que el ciudadano haya perdido todo derecho sobre el espacio público,  adquirido previsiblemente por el abuso indiscrimado del capital, el mercado y las ansias de poder. La sentada en Sol tiembla por continuar, molesta en las visiones de un gran centro comercial. Llenan España de horribles vallas publicitarias con enormes caretos de personas sacadas del extreñimiento, sin ninguna pista sobre lo que harán con tu voto, sin ninguna intención por mostrar un programa político (que evidentemente existe, pero con las mismas sandeces de siempre, esas que no nos han conducido a ningún buen lugar). Y tenemos que aguantar que nos digan que eso fomenta la democracia mientras mostrar la indignación ciudadana es algo que atenta contra ella.

     No señores, eso no debería ser así. Si la actual forma de hacer campaña les parece democrática mejor no me lo digan. Ahora no me sale reir. ¿Dónde están los debates políticos sobre las propuestas entre candidatos que deberían hacer posibles unos medios de comunicación que deberían -cuanto deber... y qué fácil es verlo, pero: ¿ponerlo en práctica?- ser fieles a la información objetiva? Mínimos, vacíos de contenido real, casi inexistentes y solo enriquecidos por la crítica destructiva y la descalificación a un abversario político que es igual que tú.  ¿De verdad es normal tanta confrontación entre personas que supuestamente quieren lo mejor para un país...? Es imposible que haya un desacuerdo así y esa forma de ver la política sea sana. Los buenos padres son aquellos que se ponen de acuerdo y dialogan (que bonitas palabras) para dar lo mejor a sus hijos. Pues bien, PP y PSOE no están demostrando ser unos buenos hijos para la democracia española.

     Ahora os dejo con el artículo de Toharia, lo más lamentable de todo es que quizá lleve razón y no haya más alternativa que el voto en blanco. Sin embargo, la democracia actual no tiene carencias de forma (y si las tiene son muy subsanables). Sus problemas son de contenido... y éste le puede llenar cualquier ciudadano.

"¿Era pensable que la generación de españoles mejor preparada y formada de nuestra historia, los actuales jóvenes, permaneciera impasible, de brazos cruzados, con su casi 50% de paro y sin ningún atisbo esperanzador en el horizonte? Ya se ve que no. Han empezado a movilizarse y lo han hecho en esa nueva plaza pública que es Internet, en la que han crecido y en la que comparten una ciudadanía universal. Tienen poco o nada que ver con los grupos antisistema y sería erróneo asociarles a movimientos mitad populistas, mitad romántico-anarcoides del estilo de aquel Uomo cualunque (el hombre cualquiera) cuyo lema era “abajo todo” y que tuvo una vida tan fulgurante como fugaz en la Italia de la postguerra. Este de ahora es sin duda un fenómeno distinto.
Por un lado, y a diferencia por ejemplo de los sesentayochistas, tienen de su parte a la sociedad. Dos de cada tres españoles (y, significativamente, el 70% de quienes tienen más de 55 años, es decir, de quienes están en mejor situación para hacer comparaciones intertemporales fundadas) creen que el actual nivel de paro juvenil constituye una situación muy grave que nunca antes se había dado con tanta fuerza en nuestro país. Y otro 70% considera que esta imposibilidad de independizarse y de vivir por su cuenta es algo que marcará para siempre a nuestros jóvenes, que estando más preparados que sus mayores no pueden ni soñar con alcanzar su mismo nivel de vida.
De momento, su rebelión se ha canalizado en la que, sin duda, es la mejor y más inteligente dirección: la política. Propugnan un peculiar modo de protesta: votar, sí, pero en blanco. Es decir, no darle la espalda al sistema (por más que este se la esté dando a ellos), sino dar un aldabonazo que no parece arriesgado interpretar del modo siguiente: no nos oponemos a la política, sino a esta forma de hacer política; no nos oponemos a los partidos, sino al anquilosamiento, rigidez y ensimismamiento de estos partidos; no estamos contra la democracia, sino que reivindicamos una democracia más ágil y flexible. Una vida pública, en suma, más efectivamente pública, es decir, de todos: sin egoísmos cortoplacistas, sin electoralismos miopes y, en cambio, dialogante, respetuosa e integradora. Precisamente, lo contrario de lo que encuentran ante sí.
No están solos. El 89% de los españoles cree que, cada vez más, nuestros partidos políticos tienden a pensar únicamente en lo que les beneficia e interesa; un 73%  añora el espíritu de consenso del período de la transición a la democracia; y un 79% cree que tal y como los partidos están ahora organizados y funcionan es muy difícil que logren atraer y reclutar a las personas más competentes y preparadas.
El voto blanco que este nuevo movimiento propugna no torcerá, con toda probabilidad, el resultado final de las elecciones del próximo domingo. Pero sería sin duda una gran equivocación considerarlo por ello irrelevante. Alguien está llamando a la puerta. Pretende que se le abra, no derribarla."

20110513

Juventud indignada sale a la calle este domingo

El domingo 15 de mayo las organizaciones Juventud Sin Futuro (JSF) [de quienes espero respeto a la hora de vérselas con el mobiliario urbano] y Democracia Real Ya, convocan a toda la población de Madrid, y al resto de España, a salir a la calle para gritar por los derechos del ciudadano. Reclamamos “el derecho a un trabajo digno, a una vivienda, a una pensión y a una educación pública no mercantilizada, en contra de la respuesta que las élites políticas y económicas europeas han dado a la crisis”. Reclamamos que de una vez y por todas, los derechos sociales y económicos que desde 1948 recoge la carta de Derechos Humanos sean respetados al pie de la letra. Estos colectivos han reaccionado y salen a la calle bajo el principio fundamental de la indignación, un mensaje que ha calado entre los jóvenes con la publicación de la obra “Indignaos”, un breve manifiesto en que el francés Stéphane Hessel llama a las nuevas generaciones a la movilización, que “nace del compromiso con la historia”, suscribe José Luis Sampedro.

La juventud parece haber despertado; el ciudadano medio quizá esté aún aletargado, dormido, ciego, alienado, aceptando un sistema siempre mejorable que no dicta tanto de las previsiones orwellianas. Ya nos lo han mostrado las movilizaciones que desde hace un año se han realizado en países como Irán, las revoluciones del Magreb y, más próximas, las de Islandia, Italia, Grecia y Portugal. Ahora, tras la indignación te toca movilizarte. La calle es tuya, el espacio público es de todos y el ciudadano  nunca debe darle la espalda. Aprovecha la coyuntura y grita con aires renovados. No les votes y házselo saber: a las 18:00 en Cibeles, tenemos una cita por un auténtico Estado del Bienestar.

20110510

Españoles sin derecho a voto

Hoy, leyendo la opinión de El País, me he encontrado este texto escrito por Carmen Bayod, que actualmente reside en Burdeos:
Un nuevo atropello de este Gobierno a la ciudadanía española. Mucha gente en España no está al corriente porque no afecta a los residentes en el país, pero sí a los miles de españoles que por nuestro trabajo (incluso trabajando en la Administración española), estudios, motivos familiares o cualquier otro residimos en el extranjero.
Este Gobierno hace unos meses se sacó una ley de la manga por la que anulaba el derecho a votar en las elecciones municipales a todo español que no residiese en España. Se organizaron manifestaciones en diversas ciudades que fueron ignoradas totalmente.
Aducen que si no vivimos en el municipio en cuestión no tenemos por qué poder elegir a los miembros del Ayuntamiento. Siguiendo el razonamiento, tampoco vivimos en la Comunidad autónoma del municipio y sin embargo podemos votar en las autonómicas, ni vivimos en España y no se nos prohíbe votar en las legislativas.
Precisamente, las municipales son las más importantes para nosotros, ya que conocemos más de cerca a quienes se presentan y va a tener más repercusión en nuestras vidas el alcalde del pueblo donde tenemos una casa que el presidente del Gobierno. Se han oído observaciones irónicas diciendo: "Ah, entonces no tendré que pagar los impuestos municipales ¿no?". Pues no, señor, no: le han quitado los derechos pero no los deberes.

20110506

Manifiesto: ¡Democracia Real YA!

Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.
Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:
  • Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
  • Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
  • El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
  • La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
  • El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
  • La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
  • Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
  • Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
  • Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros. Es tu derecho.

20110501

Desalojos forzosos y Derechos Humanos


      "Es posible que, a primera vista, no se considere necesariamente que los desalojos forzosos son una cuestión de derechos humanos, sino sencillamente un efecto secundario del desarrollo o de la renovación urbana, la consecuencia de un conflicto armado o un aspecto de la protección del medio ambiente o la producción de energía, por ejemplo, para la construcción de una presa. Sin embargo, la constante amenaza o el hecho de ser desalojado por la fuerza de su casa o de su tierra es sin duda una de las mayores injusticias que pueden cometerse contra una persona, una familia, un hogar o una comunidad".
      "La inseguridad permanente de quienes temen ser victimas de esta práctica, así como el frecuente recurso a actos de violencia para llevarla a cabo, ya revelan el trauma particular y colectivo que se produce siempre ante la posibilidad de un desalojo forzoso. Nadie pide ser desalojado (...). El desalojo forzoso desmantela lo que a la gente le ha tomado meses, años y hasta decenios en construir, destruyendo cada año el sustento, la cultura, la comunidad, las familias y los hogares de millones de personas en todo el mundo. Lejos de solucionar los problemas de vivienda o las crisis urbanas, los desalojos forzosos destruyen las moradas y los asentamientos humanos que la gente considera como su hogar y tal vez sería más apropiado calificarlos de sistema de "privación de vivienda" que de reacción humanitaria y constructiva ante la actual crisis mundial de la vivienda".
       La vivienda tiene tres partes constitutivas: el suelo en que se asiente, los elementos con que se construye y la ciudad que la rodea y complementa. Unos componentes que se reflejan perfectamente incluso en su valor comercial; donde, como sabemos, el entorno es determinante. Poner suelo a disposición de cada uno, bien a nivel de calle o bien en altura puede ser objeto de la administración pública. Para lo que cuenta con patrimonio público de suelo y la capacidad normativa y planificadora. Desde luego, después de lo dicho, habría que intentar siempre en primer lugar reconocer el lugar donde ya se ha asentado la gente. Y cuando llevan más de una década, como en algunos de los casos presentados, ni se debería plantear la posibilidad del desalojo. Por otra parte, conformar la casa o procurarse el piso o apartamento debería ser objeto de los moradores, por sus propios medios (arbitrando, por ejemplo, los mecanismos de una renta básica de ciudadanía y otros sistemas financieros alternativos). Y aquí llevar la ciudad adonde está la gente obliga a otorgar los atributos de urbanidad a todos los espacios habitados y eliminar de raiz en todos ellos la estructura del gueto. Conseguir que toda la ciudad reúna unas condiones mínimas para proporcionar ese alojamiento.
     Exponemos por tanto la necesidad de plantear la actuación en las zonas donde se encuentra el problema. Pero además es preciso no olvidar que en todos los lugares habrá que fomentar la mezcla. Y favorecer el acceso por doquier. Complementar esa labor de urbanización con una ampliación efectiva de los derechos de realojo y retorno. Recoger la posibilidad legar de alojamiento a los "sin papeles". No hablamos, por tanto, únicamente de viviendas protegidas, sino de viviendas para parados, indigentes o rumanos.
     Y todo ello sin olvidar que la casa se debería hacer al modo de los nidos, desde dentro, con el empuje del cuerpo para acomodarla y darle forma. El resultado sólo se obtiene por la presión continuamente reiterada del pecho, con la propia respiración. Y la respiración aún no se compra en el mercado.

20110429

Politiquería

Ahora que llega el momento de las elecciones, se hace más patente que en España no se hace política sino politiquería, es decir, política de intrigas y bajezas. Los políticos viven en su mundo, ajenos a las preocupaciones de los ciudadanos de a pie.Si verdaderamente se creen que lo que están haciendo convence a alguien que esté en el paro, o que jamás haya accedido al mundo laboral, están equivocados. Es patético ver la utilización sistemática del no como respuesta a lo que dice el otro, el crucede reproches y el enfrentamiento dialéctico puro y duro sin contenido argumental; no es de extrañar que la clase política se haya convertido en uno de los problemas más importantes de esta sociedad. Lo que necesita este país para salir de la crisis es políticos con ideas creativas que ayuden a que la resignación que nos está invadiendo se transforme en ilusión; no politiqueros. Agradeceríamos de antemano que se abstuvieran de presentarse todos aquellos que no cumplan este requisito.

CHARO INTXAUSTI
BILBAO
XPRESATE, ADN

Política museística postfranquista (Ignacio Díaz Balerdi)

 
Que inventen ellos!
 (Miguel de Unamuno)
      Que España ha arrastrado un atraso secular respecto a los países de su entorno es un lugar común a la hora de caracterizar un desarrollo histórico singular. Que ese atraso se remonta, probablemente, al momento en que comienza el declive del imperio colonial español es una suposición a la que cabría hacer múltiples matizaciones. Que las consecuencias de ese atraso se vieron agravadas en el siglo XX, hasta el punto de suscitar la frase de Unamuno –en la que juegan a partes iguales el sarcasmo y la reivindicación de lo singular, teñido todo ello de un pesimismo muy del gusto tenebrista-, es algo que cualquier observador imparcial –o cualquiera que haya vivido un buen trecho de ese siglo XX- jamás pondría en duda. Máxime, quien conozca el impacto de la sublevación militar de 1936 que condujo, tras una cruenta guerra civil (1936-39), al triunfo del General Franco y a la instauración de una dictadura que habría de sobrevivir durante varias décadas.
      Desde hace largo tiempo España se movió a un ritmo más lento que su contexto más próximo –Europa-, aunque en algunos momentos parecía que podía recuperarse el tren de la Historia: en tiempos más o menos recientes, la etapa previa a la guerra, conocida como II República, prometía ser uno de esos momentos, aunque el final las expectativas se verían frustradas de manera dramática; más reciente aún, un segundo momento clave arrancaría a la muerte del dictador (1975), en un lapso de tiempo que habitualmente se designa como el de la "transición democrática". Si la República había intentado fomentar el progreso y revitalizar la cultura –aunque tras la contienda todo acabara en represión, exilio masivo de intelectuales y depauperación de las coordenadas culturales del país- la transición también buscará, por múltiples caminos, recuperar el impulso creativo de la cultura en un proceso paralelo a otros enfocados a la normalización –entendida en el sentido más amplio del término- del país. Y en el campo cultural, los museos habrían de jugar un destacado papel, tanto por el número de instituciones inauguradas como por el cambio en las mecánicas relativas a la conservación y puesta en valor del patrimonio, de los bienes –materiales e intangibles- en los que pervivía una memoria castigada durante décadas por la desidia y la incompetencia.
      Este segundo momento es el que intento analizar en las páginas que siguen. Será un repaso sintético, no exhaustivo, a algunas de sus claves, para hacer hincapié en cómo y por qué los museos, de manera excepcional para lo que es habitual en ellos, se colocan en un momento determinado a la vanguardia de unas transformaciones generalizadas y sirven como motor de cambio a la hora de reencontrarse, de manera más o menos natural, con un escenario –el de la modernidad, el del progreso, el de la equiparación con Europa- que había sido ignorado, e incluso negado, por los mandamases del franquismo. Para ello me detendré, a base de pinceladas sueltas, en tres aspectos cruciales: el panorama socio-político del momento, el estado de la cultura en las postrimerías de la dictadura y la situación de los museos y de la preservación patrimonial. Todo ello me llevará a apuntar los logros obtenidos en ese largo y difícil proceso, sin olvidar las lagunas, las asignaturas pendientes o los retos a futuro de unas políticas –las referentes a museos- que, quizá urgidas por las prisas, por la inmediatez de unos problemas acumulados durante años, descuidaron –y descuidan- aspectos fundamentales a la hora de establecer estrategias rigurosas de planificación patrimonial.
 

 
[...]
cómo, después de acordado
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
(Jorge Manrique)
      Si alguien echa un vistazo hacia atrás y se detiene en lo que fue el franquismo, se dará cuenta de que la visión del poeta sólo es aplicable en sus dos primeros versos a lo que fue un periodo oscuro, violento y miserable (Franco: 2004), por mucho que años después tuviera cierto predicamento la frase "Contra Franco vivíamos mejor", frase que sólo reflejaba la sempiterna ausencia de referencias y la lógica perplejidad a la hora de inventar un futuro que rompiera con décadas de pesadilla.
      El régimen franquista no fue monolítico e inamovible. En casi cuarenta años tuvo que acomodarse, mal que bien, a los tiempos que corrían y, así, desde unos comienzos marcados por la autarquía, la penuria económica y el aislamiento internacional, se pasó a lo que comentaba al principio, a un país que iba con retraso, a rebufo de la Historia –a veces, en contra-, pero que poco a poco mejoraba sus indicadores económicos, sus infraestructuras, sus sistemas productivos e, incluso, sus índices de bienestar social en campos como la educación o la sanidad.
      Éramos pobres, pero dignos. O, al menos, así nos lo querían hacer creer quienes dominaban las riendas del poder y confundían pobreza con santidad, y dignidad con delirio imperial, con reivindicación de particularismos casposos o con repetidas proclamas sobre la degeneración inherente a los regímenes democráticos. Además de la pobreza y de la desigualdad, nunca resueltas por el franquismo, la miseria era una miseria política con implicaciones en cualquier otro campo. El férreo control ideológico, la represión, el ordeno y mando, la prepotencia y la ignorancia condujeron a una alarmante depauperación conceptual, intelectual y cultural. Todo era peligroso para quienes decidían en función de unos rancios y retardatarios principios ideológicos: el arte, la literatura, el teatro, el cine, etc. Eran tiempos duros, pero, vistos en la distancia, provocan risa fenómenos como las colas de españolitos a las puertas de los cines de Perpignan o de Biarritz para ver películas supuestamente escandalosas –entre las más famosas, ‘El último tango en París’ y ‘Emmanuelle’- que hoy parecen mojigatas si las comparamos con las que se exhiben en cine y televisión.
      El régimen se encargaba, por otro lado, de permitir algunos elementos de compensación, sobre todo para labrarse una imagen medianamente civilizada cara al exterior, por lo que en ocasiones fomentaba o patrocinaba iniciativas que equiparaban –aparentemente- nuestra situación con la de los países vecinos: por citar algún ejemplo del mundo del arte, la celebración de la Bienal Hispanoamericana de Arte o de diversos congresos sobre arte contemporáneo y arte abstracto, el surgimiento más adelante de iniciativas pioneras como la sección de arte contemporáneo del Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid o la Fundación Miró de Barcelona (Layuno: 2004), certificaban que aquí también se conocía la modernidad, aunque ésta no fuera practicada de forma asidua, natural, ni fomentada por un régimen caracterizado por su incuria intelectual-, lo que reducía las posibilidades a iniciativas eventuales, aleatorias, carentes de continuidad y sometidas a la omnipresente amenaza de la censura o de la represión.
      El mundo de los museos no se sustraía a esa lógica miserable. Museos, los había, claro está. Con un patrimonio histórico-artístico tan abundante, era lógico que existieran instituciones encargadas de velar por su conservación, máxime cuando dicho patrimonio era considerado por el régimen como la materialización del delirio imperial de un país trascendente y con vocación universal.
      Pero una cosa era la demagogia y otra la realidad. Como consecuencia de la llamada "desamortización de Mendizábal" de 1835 (una requisa de bienes eclesiásticos que, con los años, pasarían a engrosar las colecciones públicas), el país se había dotado de algunos museos situados en Madrid y de otros más en las capitales provinciales. Evidentemente aquella estructura administrativa no era suficiente para la salvaguarda de un patrimonio que se degradaba inexorablemente –cuando no era esquilmado de manera delictiva-, y tampoco lo fue durante el franquismo.
      Es más, la abundancia de testimonios histórico-artísticos probablemente implicó cierta laxitud y desidia a la hora de establecer medidas cautelares –y punitivas- que evitaran la degradación de los bienes patrimoniales. España se convirtió –si no lo era ya- en un escenario caótico: como dice el refrán, a río revuelto, ganancia de pescadores, y en el río revuelto de la posguerra y del franquismo, el país se convirtió en un reino de la picaresca, la corrupción, la excavación clandestina, la compraventa ventajista, el saqueo, el tráfico ilícito o la exportación ilegal de objetos patrimoniales.
      Existían museos y el franquismo inauguró algunos nuevos. Pero todos se movían en unas coordenadas mediatizadas por la burocracia, la falta de medios, la escasez de personal, el desinterés de los dirigentes políticos y el alejamiento de los colectivos sociales, más preocupados por la supervivencia –al principio- y por el bienestar material –más tarde- que por unos objetos ajenos a su quehacer cotidiano y guardados en unos edificios polvorientos y añejos más parecidos a mastodontes decimonónicos que a fábricas de cultura y educación. Por decirlo en palabras de María Bolaños (1997: 396-7), es desde el punto de vista cualitativo, al margen de las cifras, del número de museos existentes, como se aprecia su pobreza conceptual, la incuria estatal, la ruindad de sus instalaciones, el barullo jurídico a que estaban sometidas o su aislamiento de la sociedad.
       Este panorama se prolongó en el tiempo. Habrá que esperar hasta 1985 para que entre en vigor la Ley de Patrimonio Histórico Español (1985), y luego su correspondiente desarrollo en el Real Decreto 3/1986, ley que da el pistoletazo de salida para las sucesivas leyes autonómicas en dicha materia. Hasta entonces existía la Ley de Patrimonio A artístico Nacional (13 de mayo de 1933), aunque su existencia era más bien nominal, agua pasada al ser una ley de tiempos de la República.
      Es verdad que en las postrimerías del franquismo, y de la mano de unos indicadores económicos en alza y de una cierta universalización del acceso a la educación, la situación del patrimonio cultural mejoró de manera sensible. Se modernizaron algunas instituciones museísticas, se abrieron otras nuevas y se comenzó a invertir con mayor seriedad en unos proyectos que hasta entonces eran considerados fuentes de gasto sin beneficio aparente. Aunque la frase de Germain Bazin (1969: 265), es propio de las guerras que al acelerar bruscamente el curso de la historia creen una ruptura entre el presente y el pasado y provoquen una toma de conciencia de los tiempos nuevos, fuera difícilmente aplicable a la España de finales de la Guerra Civil, por cuanto esa conciencia patrimonial tardaría en consolidarse, es cierto que, aun con retraso y a rebufo de los que había sido en los países europeos una sensibilidad creciente por la conservación del patrimonio a partir del final de la II Guerra Mundial, España se modernizaba –con moderación- a medida que avanzaba el siglo y se empezaba a ver las cosas de otro modo.
 
 
Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
(Antonio Machado)
       El camino hacia la normalización política comenzó, de manera definitiva, a la muerte del dictador (1975). Época, la que comenzaba, convulsa, de miedos, de esperanzas, de pactos, de proyectos, de logros, de frustraciones. Repasar aquel periodo sería imposible en estas líneas, aunque, para el campo que nos ocupa, el de los museos, la nueva articulación del estado en Comunidades Autónomas va a resultar trascendental. El Estado de las autonomías venía a sustituir la antigua organización político-administrativa del país, centralizada y unificadora, por un mapa más complejo –y más descentralizado- en el que las competencias sobre los asuntos culturales fueron traspasados, total o parcialmente, a los nuevos poderes regionales. En adelante, estos gobiernos detentarían potestades legislativas y ejecutivas sobre la mayoría de los bienes patrimoniales ubicados en sus límites territoriales.
      El tránsito no fue fácil. Las negociaciones, arduas en muchos casos. Las dificultades, innumerables. Tomar las riendas de la gestión de los bienes patrimoniales era un gran reto para las nuevas comunidades autónomas, carentes de estructuras operativas en campos tan especializados y acostumbradas a que la solución, si es que llegaba, llegara desde Madrid. Pero también era una oportunidad. Por un lado, permitía establecer directrices propias y no dictadas desde un poder central –aunque la armonización de políticas fuera un elemento de base en la nueva situación-; y, por otro, abría las puertas a la creación de cuerpos de funcionarios o especialistas conocedores de –e integrados en- la realidad local. Recordemos que hasta 1973, es decir, dos años antes de la muerte del dictador, no se creó el Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos (Ley 7/1973, de 17 de marzo), cuerpo que en 1985 contaba con la ridícula cifra de alrededor de 150 facultativos (Carretero: 1996).
      Era tanto lo que había que hacer que se empezaron a hacer las cosas a ritmos acelerados. A veces, demasiado acelerados. Existía una especie de inmediatez, de urgencia por cambiar las cosas, por retomar el tren de la Historia, por equipararse con nuestro entorno más cercano. Cada Autonomía buscó dotarse de una red de museos que reflejara la idiosincrasia, la memoria, de unos territorios hasta entonces desdibujados en una meta realidad política unificadora (Holo: 2000). Se inauguraron museos. Muchos. Hubo, permítaseme la expresión, una auténtica explosión demográfica de museos. Surgían por doquier, algunos cimentados en instituciones o colecciones preexistentes, otros, surgidos de la nada.
      Aún carecemos de estudios estadísticos serios sobre esa auténtica fiebre de creación de nuevos museos en España, pero creo que la situación del País Vasco (una de las comunidades autónomas) es, con las pertinentes matizaciones, extrapolable al conjunto del Estado. Si antes de la Guerra Civil existían en dicha comunidad siete (7) museos, el franquismo se encargaría de abrir otros ocho (8) –con la particularidad de que dos de ellos fueron inaugurados en 1975, año de la muerte de Franco-, mientras que a partir de ese momento la cifra de nuevos museos se dispara hasta sesenta y siete (67), y eso sin contar parques naturales o centros de interpretación, lo que no deja de ser un boom exponencial, máxime si tenemos en cuenta que la población del País Vasco ronda los tres millones de habitantes (Gobierno Vasco: 2006).
      Ese desarrollo, a veces disparatado, se debe interpretar desde distintas ópticas. Sin duda alguna, la razón más inmediata para entender el fenómeno es la urgencia de normalización de un panorama no normal agravado, además, por la cretinez ideológica y conceptual del franquismo. Había prisa por superar años de aridez cultural, mecánicas indolentes e iniciativas mediocres. Por olvidar –o, al menos, desembarazarse de- rancias moralinas, censuras omnipresentes y represión de os alientos creativos, para abrirse a la modernidad, al progreso, a la libertad. Por dotarse de una red de museos a la altura de los tiempos y del patrimonio conservado y a conservar.
       El Estado y, sobre todo, las comunidades autónomas encontraron en los museos, en su apertura una magnífica caja de resonancia para rubricar, de manera tangible, el proceso de modernización que se había emprendido. Inaugurar un museo se convirtió en un eslabón más del engranaje propagandístico de los grupos políticos en el poder. Cualquier iniciativa, bien fuera económica, de infraestructuras o de cualquier otra naturaleza, era susceptible de crítica, cuando no de descalificación, en un contexto polarizado y mediatizado por las pugnas políticas. Excepto la de abrir nuevos museos. Ante eso podía caber la duda, la matización, la discusión sobre el detalle, pero el hecho en sí nunca era cuestionado: hacerlo habría significado la descalificación inmediata de quien lo hiciera, la acusación de falta de sensibilidad por los bienes patrimoniales de quien denostara aquellas instituciones llamadas a perpetuar la memoria y ejemplificar el progreso. El museo se convertía en un fetiche. En un tabú.
      Se inauguraron museos de todo tipo. Grandes, pequeños, privados, públicos, mixtos, generalistas, especializados, ecomuseos, con proyección local o pensados para inscribirse en los circuitos internacionales, etc. Numéricamente, y a falta de una comprobación exhaustiva, quizá fueron los museos etnográficos o los dedicados a ilustrar la microhistoria de un territorio los más abundantes, aunque en el plano cualitativo, o mejor dicho, si nos atenemos al impacto mediático que generaron, fueron los de arte contemporáneo los grandes protagonistas de la eclosión museística en marcha, seguidos tal vez por los dedicados a la ciencia y la tecnología.
      Si nos fijamos bien, el arte contemporáneo y la ciencia –el adelanto científico- eran probablemente los campos tipológicos idóneos para ejemplificar el cambio que el país estaba experimentando (Díaz Balerdi: 2007). El primero, el arte contemporáneo, pasó a ser el campo emblemático de la modernidad: los objetos no pertenecían al pasado sino al presente y eran materializaciones de una sensibilidad avanzada para su tiempo, por lo que apoyar su producción, conservación y difusión, aunque fuera de manera superficial, y en muchos casos demagógica, se convirtió en una carrera o competición en la que cada grupo político, cada comunidad autónoma, se involucró en mayor o menor medida. La segunda, la ciencia, también marcaba pautas y logros del progreso, por lo que su divulgación, siguiendo con mayor o menor fortuna la filosofía del Exploratorium de San Francisco, también se convirtió en una prioridad, intentando además la "democratización" científica a través del modelo interactivo de exposición y transmisión de mensajes y contenidos.
      Keneth Hudson (1989), en un artículo ya clásico apuntaba que aunque sea triste decirlo, allí donde hay museos, los hay que no aportan ningún beneficio cultural, intelectual o espiritual a sus ciudadanos, o en muy poco grado; museos que, aunque desaparecieran de pronto, no causarían ningún vacío. Cuanto más se viaja, más se advierte la existencia de instituciones con esas características. Si líneas arriba señalaba que aún carecemos de estudios cuantitativos y cualitativos fiables respecto a la situación de los museos en España, tanto más podríamos decir acerca de cuántos de ellos son, como decía Hudson, innecesarios, cuántos de ellos cumplen cabalmente con el papel que teóricamente deberían cumplir, cuántos han sido abiertos sin que se haya calibrado su auténtica proyección, sus posibilidades de supervivencia –digna- más allá de los fastos de su inauguración, sus necesidades económicas, sus necesidades de personal, etc.
      Si volvemos a los ejemplos mencionados, con respecto al arte contemporáneo deberemos reconocer que, aunque existen muchas más posibilidades que hace unas décadas de apreciarlo o de profundizar en sus arcanos gracias a los numerosos museos que se ocupan de él, no por eso deja de ser un auténtico desconocido para la mayoría de la población, sin que se haya avanzado gran cosa a la hora de intentar que la relación entre los colectivo sociales y las obras de arte vayan más allá de la mera percepción visual. ¿Y que decir de la ciencia? Aparentemente los sistemas interactivos han triunfado y los índices de asistencia a museos a ella dedicados han crecido espectacularmente, pero no menos cierto es que muchas veces el fin último de quienes pulsan un botón para desencadenar una reacción experimental no es entender la mecánica de dicha reacción sino observar –a modo de espectáculo- el resultado conseguido. Es decir, poco más que jugar a maquinitas como antes se jugaba a petacos.
      He mencionado los crecientes índices de asistencia a los museos de ciencia, y ese crecimiento se podía extender al conjunto de museos españoles: hoy visitan museos muchas más personas que hace unas décadas, aunque también habría que matizar esa afirmación. El número de visitantes aumenta, pero no aumenta de la misma manera en todos los museos: hay algunos con crecimientos espectaculares –que son los que elevan ratios, inflan estadísticas y polarizan la atención mediática-, pero la mayoría de los museos siguen permaneciendo donde siempre estuvieron, en un lugar marginal, ajeno, distante. Siguen siendo auténticos desconocidos y dormitan en una cotidianeidad solitaria y desamparada. Incluso cuando uno hurga en los flujos crecientes y los analiza con baremos más cualitativos, los resultados son descorazonadores: la visitas son fugaces, aleatorias y ocupan muy poca atención del imaginario colectivo (Alcalde y Rueda: 2004).
       La renovación, la puesta al día de las estructuras museísticas, es algo fácilmente constatable a partir de la muerte de Franco y del comienzo de la transición. Resulta un proceso paralelo al de la normalización política emprendida, aunque todavía se detectan lagunas, campos sin explorar o caminos olvidados o marginados en las estrategias que lo hicieron posible. Al igual que en la política, basada en una democracia representativa, los canales de participación y de intervención del ciudadano de a pie son escasos en los asuntos patrimoniales. Pervive el modelo de museo tradicional, focalizado en el objeto, jerarquizado en su funcionamiento, discriminador de públicos por sus niveles de conocimiento o preparación académica, y tendente a utilizar lenguajes elitistas no al alcance de cualquiera. Finalmente, y por no alargar el recuento, la velocidad de los cambios ha llevado a un cierto descontrol, a la escasez e mecanismos correctores de políticas erróneas, al desequilibrio entre distintas comunidades autónomas –e incluso en el seno de las mismas-, incapaces de articular una red de museos operativa que luche con efectividad contra los grandes enemigos en la batalla por la preservación patrimonial: el alejamiento, la desidia, la pasividad obligatoria. Pero, quién sabe, quizá esos eran los peajes que habíamos de pagar por normalizarnos y equipararnos con nuestro entorno y con el signo de los tiempos actuales.