20110517

Indignación, movilización... alternativa (no lo olvidemos, aprendamos del pasado)


     A continuación, os dejo el artículo de José Juan Toharia publicado en el País. Es de lo mejor que he leido sobre lo que está ocurriendo tras la masiva manifestación del 15M, que no olvidemos tenía que competir también con la programación de las fiestas de San Isidro. Personalmente respirar el ambiente de la manifestación me sentó estupendamente. Sin embargo, ahora es tiempo de dar un paso más allá: proponer alternativas. 

     Estamos indignados, unos nos movilizamos (y otros no tanto, aunque la indignación sea más que menos general), ahora nos toca poner sobre la mesa lo que de verdad queremos. Quizá Democracia Real Ya! podría ser la base de una nueva alternativa en la próximas generales. Si algo sobraba en su manifiesto es aquello de: "otros somos apolíticos". La política es indisociable a hombres y mujeres en su magma social. La política se hace patente cada vez que tratamos con otro ser humano, la política es nuestro medio para resolver los conflictos que nos surgen día a día frutos de nuestra necesidad de compartir la vida con otras personas. No creo que nadie sea apolítico. La política que vemos en nuestras pantallas no es, sin embargo algo que nos guste; quizá ni siquiera merece en muchos casos recibir tal nombre.

     Me parece indignante que el ciudadano haya perdido todo derecho sobre el espacio público,  adquirido previsiblemente por el abuso indiscrimado del capital, el mercado y las ansias de poder. La sentada en Sol tiembla por continuar, molesta en las visiones de un gran centro comercial. Llenan España de horribles vallas publicitarias con enormes caretos de personas sacadas del extreñimiento, sin ninguna pista sobre lo que harán con tu voto, sin ninguna intención por mostrar un programa político (que evidentemente existe, pero con las mismas sandeces de siempre, esas que no nos han conducido a ningún buen lugar). Y tenemos que aguantar que nos digan que eso fomenta la democracia mientras mostrar la indignación ciudadana es algo que atenta contra ella.

     No señores, eso no debería ser así. Si la actual forma de hacer campaña les parece democrática mejor no me lo digan. Ahora no me sale reir. ¿Dónde están los debates políticos sobre las propuestas entre candidatos que deberían hacer posibles unos medios de comunicación que deberían -cuanto deber... y qué fácil es verlo, pero: ¿ponerlo en práctica?- ser fieles a la información objetiva? Mínimos, vacíos de contenido real, casi inexistentes y solo enriquecidos por la crítica destructiva y la descalificación a un abversario político que es igual que tú.  ¿De verdad es normal tanta confrontación entre personas que supuestamente quieren lo mejor para un país...? Es imposible que haya un desacuerdo así y esa forma de ver la política sea sana. Los buenos padres son aquellos que se ponen de acuerdo y dialogan (que bonitas palabras) para dar lo mejor a sus hijos. Pues bien, PP y PSOE no están demostrando ser unos buenos hijos para la democracia española.

     Ahora os dejo con el artículo de Toharia, lo más lamentable de todo es que quizá lleve razón y no haya más alternativa que el voto en blanco. Sin embargo, la democracia actual no tiene carencias de forma (y si las tiene son muy subsanables). Sus problemas son de contenido... y éste le puede llenar cualquier ciudadano.

"¿Era pensable que la generación de españoles mejor preparada y formada de nuestra historia, los actuales jóvenes, permaneciera impasible, de brazos cruzados, con su casi 50% de paro y sin ningún atisbo esperanzador en el horizonte? Ya se ve que no. Han empezado a movilizarse y lo han hecho en esa nueva plaza pública que es Internet, en la que han crecido y en la que comparten una ciudadanía universal. Tienen poco o nada que ver con los grupos antisistema y sería erróneo asociarles a movimientos mitad populistas, mitad romántico-anarcoides del estilo de aquel Uomo cualunque (el hombre cualquiera) cuyo lema era “abajo todo” y que tuvo una vida tan fulgurante como fugaz en la Italia de la postguerra. Este de ahora es sin duda un fenómeno distinto.
Por un lado, y a diferencia por ejemplo de los sesentayochistas, tienen de su parte a la sociedad. Dos de cada tres españoles (y, significativamente, el 70% de quienes tienen más de 55 años, es decir, de quienes están en mejor situación para hacer comparaciones intertemporales fundadas) creen que el actual nivel de paro juvenil constituye una situación muy grave que nunca antes se había dado con tanta fuerza en nuestro país. Y otro 70% considera que esta imposibilidad de independizarse y de vivir por su cuenta es algo que marcará para siempre a nuestros jóvenes, que estando más preparados que sus mayores no pueden ni soñar con alcanzar su mismo nivel de vida.
De momento, su rebelión se ha canalizado en la que, sin duda, es la mejor y más inteligente dirección: la política. Propugnan un peculiar modo de protesta: votar, sí, pero en blanco. Es decir, no darle la espalda al sistema (por más que este se la esté dando a ellos), sino dar un aldabonazo que no parece arriesgado interpretar del modo siguiente: no nos oponemos a la política, sino a esta forma de hacer política; no nos oponemos a los partidos, sino al anquilosamiento, rigidez y ensimismamiento de estos partidos; no estamos contra la democracia, sino que reivindicamos una democracia más ágil y flexible. Una vida pública, en suma, más efectivamente pública, es decir, de todos: sin egoísmos cortoplacistas, sin electoralismos miopes y, en cambio, dialogante, respetuosa e integradora. Precisamente, lo contrario de lo que encuentran ante sí.
No están solos. El 89% de los españoles cree que, cada vez más, nuestros partidos políticos tienden a pensar únicamente en lo que les beneficia e interesa; un 73%  añora el espíritu de consenso del período de la transición a la democracia; y un 79% cree que tal y como los partidos están ahora organizados y funcionan es muy difícil que logren atraer y reclutar a las personas más competentes y preparadas.
El voto blanco que este nuevo movimiento propugna no torcerá, con toda probabilidad, el resultado final de las elecciones del próximo domingo. Pero sería sin duda una gran equivocación considerarlo por ello irrelevante. Alguien está llamando a la puerta. Pretende que se le abra, no derribarla."

20110513

Juventud indignada sale a la calle este domingo

El domingo 15 de mayo las organizaciones Juventud Sin Futuro (JSF) [de quienes espero respeto a la hora de vérselas con el mobiliario urbano] y Democracia Real Ya, convocan a toda la población de Madrid, y al resto de España, a salir a la calle para gritar por los derechos del ciudadano. Reclamamos “el derecho a un trabajo digno, a una vivienda, a una pensión y a una educación pública no mercantilizada, en contra de la respuesta que las élites políticas y económicas europeas han dado a la crisis”. Reclamamos que de una vez y por todas, los derechos sociales y económicos que desde 1948 recoge la carta de Derechos Humanos sean respetados al pie de la letra. Estos colectivos han reaccionado y salen a la calle bajo el principio fundamental de la indignación, un mensaje que ha calado entre los jóvenes con la publicación de la obra “Indignaos”, un breve manifiesto en que el francés Stéphane Hessel llama a las nuevas generaciones a la movilización, que “nace del compromiso con la historia”, suscribe José Luis Sampedro.

La juventud parece haber despertado; el ciudadano medio quizá esté aún aletargado, dormido, ciego, alienado, aceptando un sistema siempre mejorable que no dicta tanto de las previsiones orwellianas. Ya nos lo han mostrado las movilizaciones que desde hace un año se han realizado en países como Irán, las revoluciones del Magreb y, más próximas, las de Islandia, Italia, Grecia y Portugal. Ahora, tras la indignación te toca movilizarte. La calle es tuya, el espacio público es de todos y el ciudadano  nunca debe darle la espalda. Aprovecha la coyuntura y grita con aires renovados. No les votes y házselo saber: a las 18:00 en Cibeles, tenemos una cita por un auténtico Estado del Bienestar.

20110510

Españoles sin derecho a voto

Hoy, leyendo la opinión de El País, me he encontrado este texto escrito por Carmen Bayod, que actualmente reside en Burdeos:
Un nuevo atropello de este Gobierno a la ciudadanía española. Mucha gente en España no está al corriente porque no afecta a los residentes en el país, pero sí a los miles de españoles que por nuestro trabajo (incluso trabajando en la Administración española), estudios, motivos familiares o cualquier otro residimos en el extranjero.
Este Gobierno hace unos meses se sacó una ley de la manga por la que anulaba el derecho a votar en las elecciones municipales a todo español que no residiese en España. Se organizaron manifestaciones en diversas ciudades que fueron ignoradas totalmente.
Aducen que si no vivimos en el municipio en cuestión no tenemos por qué poder elegir a los miembros del Ayuntamiento. Siguiendo el razonamiento, tampoco vivimos en la Comunidad autónoma del municipio y sin embargo podemos votar en las autonómicas, ni vivimos en España y no se nos prohíbe votar en las legislativas.
Precisamente, las municipales son las más importantes para nosotros, ya que conocemos más de cerca a quienes se presentan y va a tener más repercusión en nuestras vidas el alcalde del pueblo donde tenemos una casa que el presidente del Gobierno. Se han oído observaciones irónicas diciendo: "Ah, entonces no tendré que pagar los impuestos municipales ¿no?". Pues no, señor, no: le han quitado los derechos pero no los deberes.

20110506

Manifiesto: ¡Democracia Real YA!

Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.
Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:
  • Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
  • Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
  • El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
  • La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
  • El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
  • La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
  • Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
  • Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
  • Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros. Es tu derecho.

20110501

Desalojos forzosos y Derechos Humanos


      "Es posible que, a primera vista, no se considere necesariamente que los desalojos forzosos son una cuestión de derechos humanos, sino sencillamente un efecto secundario del desarrollo o de la renovación urbana, la consecuencia de un conflicto armado o un aspecto de la protección del medio ambiente o la producción de energía, por ejemplo, para la construcción de una presa. Sin embargo, la constante amenaza o el hecho de ser desalojado por la fuerza de su casa o de su tierra es sin duda una de las mayores injusticias que pueden cometerse contra una persona, una familia, un hogar o una comunidad".
      "La inseguridad permanente de quienes temen ser victimas de esta práctica, así como el frecuente recurso a actos de violencia para llevarla a cabo, ya revelan el trauma particular y colectivo que se produce siempre ante la posibilidad de un desalojo forzoso. Nadie pide ser desalojado (...). El desalojo forzoso desmantela lo que a la gente le ha tomado meses, años y hasta decenios en construir, destruyendo cada año el sustento, la cultura, la comunidad, las familias y los hogares de millones de personas en todo el mundo. Lejos de solucionar los problemas de vivienda o las crisis urbanas, los desalojos forzosos destruyen las moradas y los asentamientos humanos que la gente considera como su hogar y tal vez sería más apropiado calificarlos de sistema de "privación de vivienda" que de reacción humanitaria y constructiva ante la actual crisis mundial de la vivienda".
       La vivienda tiene tres partes constitutivas: el suelo en que se asiente, los elementos con que se construye y la ciudad que la rodea y complementa. Unos componentes que se reflejan perfectamente incluso en su valor comercial; donde, como sabemos, el entorno es determinante. Poner suelo a disposición de cada uno, bien a nivel de calle o bien en altura puede ser objeto de la administración pública. Para lo que cuenta con patrimonio público de suelo y la capacidad normativa y planificadora. Desde luego, después de lo dicho, habría que intentar siempre en primer lugar reconocer el lugar donde ya se ha asentado la gente. Y cuando llevan más de una década, como en algunos de los casos presentados, ni se debería plantear la posibilidad del desalojo. Por otra parte, conformar la casa o procurarse el piso o apartamento debería ser objeto de los moradores, por sus propios medios (arbitrando, por ejemplo, los mecanismos de una renta básica de ciudadanía y otros sistemas financieros alternativos). Y aquí llevar la ciudad adonde está la gente obliga a otorgar los atributos de urbanidad a todos los espacios habitados y eliminar de raiz en todos ellos la estructura del gueto. Conseguir que toda la ciudad reúna unas condiones mínimas para proporcionar ese alojamiento.
     Exponemos por tanto la necesidad de plantear la actuación en las zonas donde se encuentra el problema. Pero además es preciso no olvidar que en todos los lugares habrá que fomentar la mezcla. Y favorecer el acceso por doquier. Complementar esa labor de urbanización con una ampliación efectiva de los derechos de realojo y retorno. Recoger la posibilidad legar de alojamiento a los "sin papeles". No hablamos, por tanto, únicamente de viviendas protegidas, sino de viviendas para parados, indigentes o rumanos.
     Y todo ello sin olvidar que la casa se debería hacer al modo de los nidos, desde dentro, con el empuje del cuerpo para acomodarla y darle forma. El resultado sólo se obtiene por la presión continuamente reiterada del pecho, con la propia respiración. Y la respiración aún no se compra en el mercado.