Nuestra preocupación política debería ser algo más activa y comprometida, quizá algún día nos demos cuenta de ello. Hemos reducido nuestra participación ciudadana a unos comportamientos que han pasado a ser ritualistas; convenciones sin más, aceptadas por una masa recién salida de una dictadura en su momento y reafirmadas hoy por una sociedad en la que no nos damos cuenta de que la base de nuestro sistema de derecho democrático sino una mentira, sí pasa por ser una tomadura de pelo. Las instituciones de democracia directa de nuestro sistema son poco más que inexistentes, bromas de mal gusto. Las defensas ante los excesos del Estado discutibles, sino analicemos la actuación de nuestros sindicatos. Nuestra participación ciudadana se reduce a la práctica electoral de una forma agnóstica. Nuestras cortes no se diferencian mucho de ser una clase de párvulos con un bajo índice de asistencia. Sus sesiones quedan reducidas a risas, bromas y riñas entre los partidarios de uno u otro de los dos chicos más populares de clase. La Constitución Española es la “no norma” siendo su único artículo seguro la capitalidad del Estado. La aplicación de su división de poderes deja grandes dudas al respecto. Las instituciones que crean se reducen a la dirección de los dos grandes partidos. Del modelo de división territorial que propone mejor ni hablamos, no hay nada claro. Ante todo esto… no nos importa nada. ¿Qué más da?

No hay comentarios:
Publicar un comentario