20110420

ENHORABUENA...

LA CONDICIÓN DE NAÚFRAGO
 

          Atravesados por un naufragio, han perdido sus asideros (o nunca han dispuesto de ellos), y luchan por cambiar su destino. La metáfora, de uso frecuente, la hemos tomado del médico francés Patrick Declerk, que llama naúfragos a los indigentes. A los indomiciliados, sin techo, transeúntes o "grandes excluidos". Sus condiciones de vida las resume así: "Viven mal, muy mal. Atraviesan la vida titubeando, cojeando, a la pata coja, de rodillas arrastrándose. Pero de todos modos, la atraviesan. Suicidándose muy raramente, prefieren quedarse en eso, para nada, día tras día, año tras año, contemplando, pasmados y risueños, las posteridad de los gusanos. Buques fantasmas y misteriosos. Nadie al timón. Grandes viajeros del vacío, vagan lejos de las pesadas realidades del mundo". Están en la ciudad y sólo tienen la ciudad, pero la ciudad no les da nada. Simplemente les ignora, o casi. Unos centros de acogida proporcionan, con algo del mundo carcelario, cama, cena y cuidados médicos a una parte de ellos, que todo el mundo sabe insuficiente.
 
          Son muchos, desde luego, los indigentes de nuestras ciudades. La mayoría son pobres, pero la pobreza y la exclusión social no bastan para dar cuenta de su existencia. Se encuentran entre ellos personas procedentes de todas las categorías sociales, si bien con patologías familiares importantes en casi todos los casos. Son el grado cero de la marginalidad. Las cifras mejor las saltamos, si saliesemos de nuestro acogedor primer mundo conforman la mayor parte de la población mundial.

          Porque, lo sabemos, "a las personas no se les debería permitir llegar a ser tan pobres como para ofender o causar dolor a la sociedad". Vivir en la pobreza puede ser triste, pero "ofender o causar dolor a la sociedad" creando "problemas a quienes no son pobres", es, al parecer y según nuestro alcalde, la verdadera tragedia. "Es difícil reducir más a los seres humanos a la categoría de medios". No es necesario caracterizarlos, por más que los taxonomistas sociales se esfuercen en distinguir situaciones.

          Cualquiera los reconoce. Son esa población que no puede cumplir las perspectivas vitales establecidas como mínimas dentro de su hábitat concreto. Y además, lo sabemos igualmente, son muchos, muchísimos los pobres. Vivimos en un paradójico mundo de naúfragos. Mas empecemos con los de nuestras ciudades.

          La política urbanística consistía, decíamos en limitar la presencia de los pobres, de los naúfrados, en la ciudad. Se les reduce el espacio libre y se les confina, conforme una política social carcelaria y la carcelización de determinados barrios. Un proceso que se ha ido acelerando e intensificando en la última época. Se ha denunciado la existencia de un proceso de criminalización y progresivo confinamiento de los excluidos, paralelo a la restricción general de libertades. Es muy posible, aunque hay quien lo discute. Pero de lo que no cabe duda es que la ciudad hoy se estrecha para nuestros naúfragos. Y con ellos, a todos nosotros.

          Por de pronto, en buena parte de los espacios públicos se controla el acceso. La mayor parte de los aeropuertos o las estaciones, por ejemplo, ya no son de libre acceso. Tampoco se puede pedir limosna en los centros comerciales, desde luego. Ni se admite la entrada de cualquiera en esos hoscos barrios "cerrados", obviamente. Cuando en lugar de calles se hacen "vías especializadas" de tráfico, el acceso también se limita: en muchas de ellas sólo se entra en coche, por ejemplo. Los parques públicos también se clausuran, al menos a determinadas horas. Y cuando un espacio urbano comercial se transforma en un "centro comercial abierto" rápidamente se restringe el paso a las personas que puedan resultar molestas a la clientela. ¿Cuánta ciudad se separa de la ciudad común? No tenemos datos, pero es claro que el porcentaje de suelo urbano expedito, abierto a todos, disminuye implacablemente con el tiempo. Pero es que ni siquiera en el espacio no cerrado pueden estar todos libremente. Sabemos que no es difícil encontrar en la historia de cualquier ciudad viejas ordenanzas que prohiben la mendicidad. Suelen presentarse como algo obsoleto, propio de tiempos padados, con un Estado que agobiaba y perseguía a los mendigos. Como... EL ACTUAL, su orientación y contundencia no son muy distintas a las de muchas ordenanzas actuales, supuestamente cívicas. Al parecer, EL SEÑOR GALLARDÓN QUIERE EVITAR VER NAÚFRAGOS EN SUS CALLES, PREFIERE ENCARCERLAR A AYUDAR, LE PRODUCE MALESTAR EN SUS OJOS VER GENTE EN ESAS CONDICIONES. AUN NO SE HA DADO CUENTA DE QUE SU QUEHACER GIRA EN TORNO A CREAR UN MADRID MEJOR, UN MADRID DE TODOS SIN EXCEPCIÓN, UN MADRID DONDE LOS DERECHOS SE ADQUIEREN POR EL ÚNICO HECHO DE HABITARLO SIN TENER QUE CUMPLIR CON NINGÚN DEBER (porque de otro modo, seríamos demagógicos llamandolos derechos).

          De momento, sorprende en la villa la vigencia de una Ordenanza Municipal de Política Urbana y Gobierno de la Villa que data de 1948. Es muy bonita, "queda especialmente prohibida la blasfemia". Pero para lo que nos interesa, "se prohibe realizar en la vía pública cualquier acto que pueda molestar a los transeuntes, o que, por su naturaleza sea indecoroso". Y desde luego: "se prohibe el ejercicio de la mendicidad bajo cualquier forma y en todo lugar... Los que se encontraren pidiendo limosna en la vía pública serán amonestados por primera vez y conducidos, sin reinciden, a los Albergues de Mendigos, donde se procederá a su CLASIFICACIÓN. Impresionante: se procederá a su clasificación. ENHORABUENA MADRID, ENHORABUENA GALLARDÓN.
 
          Pero veamos ahora Barcelona, ese universal modelo de civismo. La ordenanza se declara destinada a "preservar el espacio público como un lugar de convivencia y civismo", pero inmediatamente considera sancionables las conductas "que adoptan formas de mendicidad". Lugar de convivencia, sí, pero pretende hacer frente a quienes "generan rechazo o incomodidad y perturban la tranquilidad del viandante". ¿Se refiere a los turistas? No; no se refiere a los turistas. Entre las conductas tipificadas como "uso impropio del espacio público" se encuentran las de dormir en la calle o en el parque, de día o de noche, o utilizar los bancos "para usos diferentes a los que están destinados". De manera que con esa magnífica regulación del espacio público, modelo universal de civismo, quedan fuera de la ley y se consideran perseguibles a las perosnas sin hogar que no consigan permanecer días y días sin dormir. Se "estigmatiza aún más este colectivo al considerarlo legalmente excluido y legítimamente perseguible por su condición din "hogar". ENHORABUENA BARCELONA, ENHORABUENA HEREU.

No hay comentarios:

Publicar un comentario