20110420

ENTRE NOSOTROS Y LAS TINIEBLAS

EL HORIZONTE DE LOS DERECHOS HUMANOS
 

          El planeta entero es un enorme campo de batalla, en el que la inteligencia humana ha sido reducida a la avidez y renuncia a toda continuidad entre las cosas. Una guerra sin cuartel, donde ya nadie dice: "dale a mi novia esto si la vez un día". Frente a este paisaje sería repugnante el conformismo. Decía Camus en Combat: "sin justicia no hay orden"; y el orden de los pueblos "radica en su felicidad". Pero también afirmaba su determinación de preferir "eternamente el desorden a la injusticia". Con él estamos. No cabe, pues, sino resistir y denunciar. ¿Qué horizonte nos permite recuperar la esperanza? Si la ciudad es el lugar del derecho, el horizonte no puede ser otro que el de la insistencia en los derechos humanos. Pues son esos derechos los que nos separan de las tinieblas.

          Los derechos humanos se oponen al mundo de desigualdades y diferencias que conocemos. Se aspira a ellos de forma mayoritaria. Aunque su interpretación varíe de unas culturas a otras, une más intereses de los que separa. Por eso se dice, con acierto, que en todos los campos, los derechos humanos constituyen el gran tema de nuestro tiempo. Es un asunto que caracteriza nuestra época, que se ha considerado como el logro del siglo XX. Un núcleo de derechos que tiene que ver con lo más radicalmente profundo del hombre y de la mujer, con su dignidad. Un historiador europeo los ha caracterizado como principios sólidos que parecen "de las pocas cosas que se interponen entre nosotros y las tinieblas". Un economista asiático los reivindica con la democracia, pues "ningún país democrático permite el hambre". Dos análisis optimistas, de distintas culturas, que confían en completar la tarea en el siglo que empieza.

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